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miércoles, 23 de noviembre de 2011

CRÓNICAS DE PRÁCTICA- NOELIA REDES- 3RO 2DA

Mis Prácticas

Eran las ocho de la mañana de un día templado. Nos reunimos en la puerta de la escuela Nº 10 junto a mis compañeras y mi pareja pedagógica. Decidimos entrar. Un patio techado decorado con los trabajos de los alumnos me deslumbró. En un costado el escenario y del otro unas puertas que daban paso al patio externo del colegio.

Llegó el momento de entrar a las aulas. Una sensación de nervios, ansiedad y cosquilleo en la pansa me invadió. Entré. Los chicos de 2º grado se dieron vuelta para mirarme. ¡Hacía tanto que no entraba a un salón de primaria! Se me vinieron a la cabeza todos esos años hermosos que pasé en la escuela. Y estaba reviviendo esos momento, pero desde otro lugar; el lugar de seño.



Los chicos para nada nos ignoraron, estaban curiosos por saber quienes éramos. Algunos chicos preguntaban:” ¿Quiénes son?¿Son nuestras nuevas seños?”. Otros nos miraban y nos daban una sonrisa de bienvenida.

Ésa fue la primera clase de observación. En todas las clases pude ver la activa participación de los chicos y las ganas de aprender, y a medida que se me acercaba la fecha de la primera práctica más pensaba en como sería, si los chicos participarían o no, si les gustaría la clase.

La señorita Analía, fue muy amable desde el primer momento que la conocimos. Nunca nos sentimos incómodas con su presencia. Nos dio los temas para trabajar en la primera práctica y hasta nos dio unos consejos y nos dijo que contemos con ella ante cualquier duda

Llegó la primera clase de práctica. No fue una de las mejores. El tema era “medidas de capacidad, el litro”. Mucho no me había gustado de entrada pero traté de ponerle lo mejor de mí.

Mi compañera había terminado de dar su clase en las primeras dos horas. Era mi turno después del recreo. El recreo terminó. Los chicos estaban volviendo a sus aulas, cuando apareció mi profesora de prácticas. Me saluda y me pide que le muestre el plan. Al terminar de leerlo me comenta que no me lo puede aprobar y que la clase planificada no estaba para nada bien, que tenía que ser un poco más creativa y problemática. Mi mundo se desplomó.

Todavía no había empezado con mi clase y ya me había desaprobado, mis ganas se fueron y más cuando la profesora decidió entrar a mirarme y me planteó la idea que la cambie como pueda en el momento. Yo, aguanté las ganas de llorar y con mi mejor cara hacia los chicos le pedí a mi compañera que siguiera un rato más con su clase. Claro, era difícil para mi entender porqué me lo dijo en ese momento y no me contestó el mail del plan que en la semana se lo había enviado. Más tarde supe que no lo había recibido por problemas con el correo electrónico.

Después de un rato, la profesora se retiró. Un poco más aliviada, empecé mi clase. Los chicos trabajaron perfectamente y les encantó la tarea. La señorita Analía me dijo “Se hubiera quedado así veía lo buena que estuvo la clase y como trabajaron los chicos, les encantó”, tratando de darme ánimo.

Por suerte me recuperé y me sentí totalmente feliz con la respuesta de los chicos, que más allá de haber desaprobado mi plan, pude lograr que entiendan en concepto de litro y realizaran las actividades perfectamente. Eso sí debía hacer otro plan alternativo sobre la misma clase.

Lo que sí me sirvió de experiencia para darme cuenta qué era lo que la profesora quería en una clase y cómo pretendía que trabajemos: utilizando disparadores más creativos, títeres, cuentos, experiencias, que seamos dinámicas. Quizá la idea no estuvo mal pero el comienzo estuvo muy tradicional: empezaba con un problema que yo misma había escrito en un afiche.

Más allá de todo me sentí feliz con solo la mirada de los chicos y sus ganas de participar. Ellos me impulsaron a olvidar lo del plan y hacer mi clase.

Las siguientes prácticas estuvieron buenísimas. (Igualmente, me encargué de mandarle los planes las veces necesarias hasta que me los contestara y así estar segura de que los había leído). Todos los planes siguientes estuvieron muy bien y la profesora no tuvo que hacerles ninguna corrección.

Disfruté mucho la clase de adivinanzas, la cual consistía en un bingo de adivinanzas: los chicos tenía cartones con imágenes y yo iba sacando de la bolsita distintas adivinanzas, el que tenía la imagen correspondiente a la adivinanza leída, ponía el porotito sobre ella. Todos los chicos ganaron. Fue muy lindo verlos jugar, interesados y atentos a las adivinanzas leidas. Hasta la señorita Analía jugó al bingo y le encantó.

Luego los niños en grupos recibieron una caja blanca con un objeto adentro el cual no podía ser visto por los demás grupos. Cada uno de esos grupos tenía que armar una adivinanza y escribirla en una hoja entregada por mí, para que los demás adivinen qué había en cada caja.

El juego de las adivinanzas estuvo muy lindo, los chicos participaron y crearon adivinanzas maravillosas. Al finalizar, juntamos cada adivinanza y juntos armamos el “Gran libro de las adivinanzas”.

Los chicos estaban felices, les encantó la clase y todos querían leer el librito. Así que lo fueron pasando por grupo para que todos lo puedan leer.

Por mi parte estaba con una alegría que me desbordaba el corazón. Me sentí feliz y no podía creer que la clase haya salido tan linda.

En general todas mis clases fueron luego así como esta, y el último día de práctica la profesora fue a observarme a mí y a mi pareja pedagógica y nos felicitó por nuestros trabajos y nuestro esfuerzo. Y a mí me aclaró que no debía hacer el plan alternativo ya que estaba muy bien conceptualizada.

Por suerte mis prácticas fueron muy positivas y me llevo el mejor recuerdo de ellas. Fue una experiencia inolvidable

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