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miércoles, 23 de noviembre de 2011

CRÓNICAS DE PRÁCTICA- MARISA RAMÍREZ- 3RO 2DA

Mi nombre es Marisa o “Chechu” para los amigos y curso 3er año del Profesorado de Educación Primaria.

Hasta que terminé segundo año, mi vida escolar venía tranquila, con cosas buenas, cosas malas, algunas rutinas y decepciones, pero cuando empecé 3ero y tomé conciencia de que se acercaban las prácticas, colapsé. Sentía que se venía el mundo abajo y cómo yo iba a poder estar frente a un curso, aunque sea por una clase.

En el aula, algunas compañeras comentaban cosas sobre sus profesoras de prácticas, algunas ya las conocían, pero yo no tenía idea de quién me iba a tocar. Decían: “Mirá, ésta es buena, pero exigente” “!!!No!!!” Esta es malísima, entre muchos adjetivos más. Al mes de clases, apareció mi nombre en las listas de práctica, tenía pánico de quién me iba a tocar, y vi el apellido Palma, por un lado me quedé tranquila porque nunca lo habían nombrado pero por otro lado me preguntaba: ¿Si no lo conocían y era malo? Pero bueno, había que esperar y no desesperar, tenía un conflicto de sentimientos que ni Darth Vader [Pie de página]podía controlar.

La semana siguiente me presenté a la clase, estaba temerosa, prácticamente no hablaba. Pero a las dos horas pensé: “tiene cara de bueno y nos habla bien, no puede ser malo” y me quedé tranquila. Estaba un poco frustrada porque no tenía a ninguna amiga conmigo para que fuese mi pareja pedagógica, si bien tenía a algunas compañeras en la clase no hablaba mucho con ellas y ya estaban con su par. Así que le pedí a mi amiga Jesica que se cambie de profesora y venga conmigo. Por suerte ella no estaba en ninguna lista asique habló con la coordinadora y a los pocos días ya era mi pareja pedagógica, respiré y sentí mucho alivio. Soy de esas personas que necesitan tener cerca a gente que la apoye, que la escuche y la entienda, y Jesica es una gran contención para mí en esta carrera al igual que mi marido, pero a él no lo puedo tener al lado mío en las prácticas.

A las dos semanas nos llevó a la escuela nº 53 que queda en Monte Chingolo e hicimos el recorrido de la escuela, estábamos encantadas, todo era tan nuevo para nosotras, era la primera vez que íbamos a tener contacto directo con los chicos, ir a firmar el libro cuando entrábamos y salíamos, y lo más lindo es que la directora, las maestras y los chicos nos decían: “Seño”, qué palabra más maravillosa, la cual me quedaba grande y aún me queda grande.

Recuerdo que una semana antes estuve probándome ropa para parecer responsable, adulta, prolija y torturaba a mi pobre marido preguntándole si me quedaba bien o mal la ropa, y nunca estaba conforme con lo que me decía, obviamente pensaba que decía que si a todo porque soy su mujer y no me quería hacer sentir mal. Y a todo esto, no conseguía delantal tan chiquito como para mí, todos me quedaban enormes y si quería hacerlo a medida, tardaban 1 mes y no tenía ese tiempo asique terminé comprando un talle 2 para nenas de primaria, mis compañeras se morían de la risa pero no quedaba tan mal.

La directora nos asignó el curso de 3ero, la maestra se llama Mariela. Apenas la vi me asusté, tenía una cara de mala y traía del brazo a una nena que no paraba de gritarle, después nos comentó que era una nena con muy mala conducta y que llamaba siempre a los padres y no iban, de todos modos no era manera de tratarla, pensé. Pero seguí caminando hacia el salón. Los chicos cuando nos vieron se pusieron súper felices, le decían a la maestra que se vaya, que querían quedarse con nosotras y ella sonreía con su cara de Cruella de Vil[Pie de página].

Cuando llegué a mi casa me quería morir, me sentía un pequeño dálmata a punto de ser abrigo de la maestra Mariela. Para mí nunca nada podía ser positivo, todo era trágico. Y pensaba: “esta maestra me odió, no sé cómo voy a dar la clase”.

Al segundo día, Cruella parecía otra, nos hablaba con tanta dulzura que por un momento pensé que estaba soñando, pero no, era real. Toda la clase fue tranquila, ella nos hacía partícipes de la clase. Con Jesica le dijimos si nos daba los temas para ir armando las planificaciones y muy amablemente nos dio 4 temas: Contaminación del agua, Campo y ciudad, Verbos y Cálculos mentales. A las dos nos gustaba más dar Matemáticas y Prácticas del Lenguaje, asique dejamos que la suerte decida y tiramos una moneda, a mí me tocó Prácticas del Lenguaje, por ende verbos, el único tema nuevo, otra vez colapsé. Cómo iba a dar verbos yo si era tema nuevo, era imposible, iba a ser un desastre. Y cada vez que llegábamos al profesorado, había más quejas, como que no les aprobaban los planes, que la clase les salió horrible y yo estaba segura que iba a terminar pasándome lo mismo. Y la letra, la letra que no me salía, escribía espantoso y no me iban a entender nada, pedía auxilio. Cada noche antes de dormir respiraba y gritaba para tratar de sacarme todo eso feo que sentía de encima. Era una pesadilla.

Lo único positivo de las prácticas eran esas caritas que me llenaban de felicidad cada vez que las veía y la maestra Mariela que siempre nos recibía con una sonrisa, y justo paso lo que nunca me había imaginado, Mariela se tomó 1 semana de licencia, y otra vez mi mundo se derrumbó. ¿Mencioné que soy de esas personas súper sensibles que se decepcionan fácilmente y que esas decepciones siempre son el fin del mundo? Bueno así soy yo. Soy como los nenes cuando se encariñan mucho con algo o alguien y después no lo tienen más.

La directora nos derivó a 5to, 40 minutos aguanté y Salí al recreo indignada con esa maestra, trataba pésimo a los alumnos y le dije a Jesica: “yo voy a esperar a Mariela”, cuando me encapricho no hay quien me pare. Y así fue, esperamos a Mariela.

A la semana retomamos nuestras prácticas, y lo positivo fue que pudimos armar nuestros planes tranquilas. Los chicos estaban muy contentos cuando nos vieron y Mariela también, nos dijeron que pensaban que no nos iban a ver más y que nos extrañaban, lo cual nos hizo sentir más felices aún.

Le presentamos nuestros planes a Mariela y le gustaron mucho, hizo algunos cambios del plan de matemáticas pero nada más. Asique esa iba a ser nuestra última semana de observación.

Llego por fin el día de dar nuestra clase. Le tocó a Jesica dar primero, por suerte le fue bien, los chicos la escuchaban y yo le sacaba fotos. Estaba ansiosa y con mucho miedo. Llegó mi turno, casi no doy la clase, Jesica se demoró mucho y quedaba un solo módulo, no iba a llegar pero la maestra de danzas dijo que me cedía la hora, ahora si era mi turno. Me paré frente al aula y comencé, me temblaba todo, hablaba no sé cómo, pero era feliz, de lo que estoy segura es que no pare de sonreír desde que empecé hasta que terminé, el aula era inmensa, escribía en el pizarrón y entendían, sentí alivio. Me escuchaban, me prestaban atención, participaban, no lo podía creer y lo más lindo es que entendían todo. Hacían la tarea, yo les corregía, escuchaba: “seño, seño” y no lo podía creer, en un momento colgué en el pizarrón una sopa de letras con verbos, tenían que pasar y marcarlos, se descontrolaron pero supe resolver la situación y, me sorprendí a mí misma, a pesar de tener una voz muy suave les dije que si gritaban no iban a jugar y que tenían que quedarse calladitos en el asiento y levantar la mano para participar, y me hicieron caso. Y ahí estaba yo, frente a un aula. Todo lo que temí y todo lo que anhelaba junto y lo superé con mucha felicidad.

Por suerte no solo pude superar ese temor tan grande que sentía de las prácticas y de estar parada frente al aula sino que pude enfrentar otros temores y acercarme nuevamente a gente con la que pensé nunca más hablar, lo cual me hizo muy feliz. Ese pequeño período de prácticas me hizo sentir muy bien conmigo misma pese a mis temores y me hizo madurar mucho como persona, si, madurar no crecer, tengo una explicación, siempre digo que maduré pero no crecí como Peter pan[Pie de página], siempre tendré el alma de una niña, y veré la vida como tal creo que eso explica porque veo todo trágico ¿No?

Sé que aun me falta mucho para parecerme a esa maestra que idolatro a quien no voy a mencionar pero todos los miércoles nos lee unos cuentos hermosos como solo ella lo puede hacer, quien me traslada a ese mundo de ensueños que tanto me gusta. Pero sé que con esfuerzo lo voy a intentar.

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