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miércoles, 23 de noviembre de 2011

CRÓNICA DE PRACTICAS - RINA HOYOS - 3º2ª

Un regalo con broche de oro.

En la segunda etapa de la residencia me tocó el primer ciclo, 2º año D. Si bien iba a ser más dedicado el trabajo (recortar, pegar, pintar, imprimir, lo físico y emocional), el primer ciclo me hacía sentir más segura. Para variar elegimos armar, junto a mi compañera pedagógica, un proyecto de enciclopedia sobre el desplazamiento de los animales y el texto informativo. Debíamos unir ambas materias.cuáles?
Al principio, parecía que no se nos ocurriría nada. Es más, comencé a temer, puesto que la mayor parte de nuestra residencia se avocaría al armado de la enciclopedia, por lo que ambas secuencias deberían concluir a tiempo.
De pronto, un montón de dudas comenzaban a adueñarse de mi cabeza: ¿y si las profesoras del ateneo no se ponen de acuerdo, y si a una le gustaba (qué cosa: la idea, la secuencia) y a la otra no? ¿Deberíamos desunir y entregar por separado las secuencias a las profesoras del Ateneo los Ateneos?
Decidimos con mi compañera, que armaríamos dos secuencias por separado. A la profesora del Ateneo de las Prácticas del Lenguaje le entregaríamos una, y a la del Ateneo de las Ciencias Naturales otra.
Lo mejor fue tomar la decisión, pues ahí empezaron a fluir mejor las ideas. Armamos unas secuencias que nos fascinaron. De hecho, ninguna de las dos creíamos poder armar algo así. Quedamos contentísimas, ahora sólo debíamos poner manos a la obra.
Y así fue. Mientras la maestra me aconsejaba armar la enciclopedia con un animal por vez y por cada letra, todos juntos; la profe del Ateneo de Prácticas del Lenguaje nos aconsejaba trabajar con tres animales, de a uno por vez todo el grupo y la del Ateneo de Ciencias Naturales nos dijo: “Sigan el diseño. Un animalito para cada alumno.”
Y ahí nomás tomamos otra gran decisión. Armamos textos con un animalito para cada alumno.
La asfixia comenzó en la última semana de residencia. Tenía sólo tres días y una enciclopedia por armar. Me sentía ansiosa. No sabía en lo que iba a resultar todo.
Comencé la clase esa semana, con el mejor ánimo y énfasis posible. Les hice recordar a los alumnos para qué iban a armar la enciclopedia y que en unos días más irían a visitar el zoológico.
Ese día cuando llegué a casa, me sentí un fracaso. Lo que pensaba que iba a ser una clase super sencilla terminó complicándose.
Los niños debían dibujar el animal que les tocó y sacarles flechas (tipo infografía) señalando las partes que utiliza para desplazarse. Sólo lo terminaron dos alumnos, uno ni siquiera quiso dibujar. Algunas cosas me sorprendieron, otras ya las sospechaba. Quería repartirme en treinta para ayudar a todos y no podía.
Las consultas en el Ateneo y las charlas con mi compañera pedagógica, aclararon mi mente. Nuevas ideas se albergaban en ella: una ficha informativa con preguntas sencillas sobre cada animalito.
Al día siguiente, cuando inicié la clase, les di las indicaciones a los niños y pusieron manos a la obra. Pero, ocurría un nuevo caos para mí. Cada uno de ellos quería preguntarme si era correcto lo que estaba escribiendo en la ficha: seño de acá, seño de allá. Me sentía impotente ante la situación. Otra vez quería repartirme en treinta.
El último día de clases procuré llamarlos de a uno, mientras hacían ejercicios matemáticos, para hacer las correcciones necesarias individualmente al que lo necesitaba. Y así fue. La enciclopedia quedó buenísima. Los chicos quedaron maravillados al verla. Todavía no borro de mi mente sus caritas. Sorprendidos y llenos de satisfacción. Seguramente igual a la mía.
En la semana siguiente al término de la residencia, me ofrecí para ir al zoológico de Florencio Varela. Junto a mi compañera pedagógica tuvimos el enorme privilegio de ver por nosotras mismas, el resultado de tanto esfuerzo que hicimos en nada menos que tres semanas: “¡Seño, mirá! Lo que vos nos contaste.” “Seño, este animalito pisa con las pezuñas como la vaca.” “Este deja huellas.”.
Fue algo inolvidable, cada vez que lo recuerdo me llena aún más de satisfacción. No tiene precio, ni puedo volcar sencillamente en este papel todo lo que siento.

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