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martes, 22 de noviembre de 2011

CRÓNICA DE PRÁCTICAS - PAULA BRODÑAK - 3RO 2DA

Mis experiencias dentro de las escuelas

Llegó el primer día de mi experiencia dentro de una entidad educativa, iba a ser mi primer acercamiento a ese tan ansiado espacio. Hubo nervios, emociones, etc., etc.
Bueno, ya en la puerta de la escuela70 de la calle Murgiondo al 3700, me afloje y comencé a disfrutar de aquel ansiado momento.
Nos recibió, la directora con un saludo cordial. Nosotras solo teníamos que hacer la observación del recreo, pero como faltaba un rato para él; la directora nos permitió observar los pasillos.
En él pude ver afiches con dibujos realizados por los niños referente al 25 de mayo y escarapelas en papel crepé.
Un nene se arrimo a nosotras y nos pregunto ¿Hoy seños van a estar con nosotros?
-Yo le conteste, que no. Que estábamos ahí para ver todos los trabajitos hermosos que realizan junto a la seño.
Eran las 9:45hs, y tocó el timbre del recreo, las pequeñas palomitas salieron alborotadas hacia el patio, cuando de pronto apareció una maestra, pidiendo a los alumnos que no corran.
Ya en el patio pude observar que los niños interactuaban sin ningún tipo de agresión, algunos jugaban a los autitos otros a la pelota con una tapita y las niñas charlaban como pequeñas damitas. De pronto esa tranquilidad fue irrumpida por chicos, más grandes que fueron llamados por la directora.
A las 10hs tocó el timbre fin del recreo, pues esas pequeñas palomitas se formaron y marcharon hacia sus aulas desaparecieron lentamente por los pasillos y allí quedó el patio solo y triste.
Y nosotras con ganas de más. Llegó el final para nosotras, creo que ese primer día no se me va a borrar jamás.
Nos despedimos de la directora, y nos invitó a participar del taller de lectura de la próxima semana, agradecimos y nos fuimos con el corazón tan grande que no cabía dentro en mí

Pero eso no fue todo para mí, me sentí tan cómoda dentro de la escuela, que mi entusiasmo me llevó a querer estar con los niños no como observadora sino como algo más, una seño de verdad.
Entonces cuando culminó mi segundo año. Fui al consejo escolar y averigüé que requisitos debía tener para realizar suplencias.
Entonces, como reunía todas las condiciones, me anoté y enseguida comencé a trabajar.
Mi primera experiencia como maestra en la escuela 70 de Lomas de Zamora fue fantástica, me había tocado 5to y 6to y el área que debía suplir era naturales y lengua. Mi pareja pedagógica era la señora Nora, me dejo ser y hacer. Me trató como a una más dentro del plantel.
Aprovecho para agradecer todo lo que me enseño el profesor Luís Alberto Menghi, ya que me sirvió para dar una clase de análisis de oración sin inconvenientes.
Después de esa clase Nora me dijo que tenía una gran vocación y que iba a llegar lejos. Le comenté que todo lo que sabia del tema se lo debía al profesor Menghi del profesorado y ella me contestó el también fue mí profesor…
Las emociones no terminaron ahí, tenía una hora libre ya que mis alumnos y lo digo con orgullo, tenían educación física.
La seño Nora me dice vamos a dirección allá tenemos un espacio para nosotras así tomamos un café.
Fui con ella sin dudar y allí me encontré con Graciela mí maestra de 5to grado, nos abrazamos, yo llore de la emoción ya que ella fue una gran docente, tal era el amor que sentía por ella que en aquel verano de 1985 ella se caso y mis compañeras y yo sentíamos que debíamos estar allí acompañándola en ese gran momento.
Ella también se emocionó, y a partir de ese día seguimos conectadas ya no como alumna sino como colegas.
Bueno, fueron muchas emociones vividas en aquella escuela. Desde el escuchar a cada niño decirme seño hasta aquellas hermosas cartitas que me escribieron, hubo una de ellas que me dejó pensando, fue aquella que me decía sos la mejor mamá. Esto me llevó a reflexionar que muchos de ellos necesitan tanto de nosotras y por eso esta labor debemos tomarla con gran responsabilidad por que los niños nos necesitan, más de lo que nosotros creemos.
La escuela 70 contaba con un comedor en donde los chicos, desayunaban y almorzaban, también podíamos comer las maestras pero yo quería que los chicos repitan tantas veces como deseen entonces desidia no comer y servirles con cariño y no como lo hacían los auxiliares que le tiran el plato como si fueran animales.

Después de dos semanas, de compartir grandes emociones, me comunican que la docente a quién yo estaba remplazando se reincorporaba al día siguiente. Había llegado el final y la verdad no me quería ir, no los quería dejar. Ellos tampoco querían que los deje.
Cuando les comunique que ese era el último día llore como una tonta ellos me abrazaron y desde ese momento sus nombres se grabaron en mi mente, no quisiera olvidármelos jamás.
Sus nombres son: Ana (callada y temerosa), Yael (simpática y extrovertida), Mariel (dulce y angelical), Sabrina (Lo único que logre sacarle fue una gran sonrisa), Florencia (una gran compradora), Mariza (brava pero hermosa), Mauricio (como el nombre travieso pero con ganas de aprender), Tomás (aplicado e impecable), Lucas (callado), Carlos (pícaro), Ramón
( Sinvergüenza), Mauro (travieso pero muy aplicado) etc.…
Bueno esta fue una de mis experiencias que quería compartir

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