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jueves, 24 de noviembre de 2011

CRÓNICA DE PRACTICAS- MARÍA ISABEL LOPEZ -3º2ª

¡¡Aprendiendo a caminar!!

Comencé mi período de observaciones y prácticas en la escuela Nº 33, Sargento Cabral.
Durante el saludo formal, después de izar la bandera, Celina, la vicedirectora, nos dio la bienvenida con un caluroso aplauso y nos presentó como “señoritas” no como practicantes.
Nos regalaron escarapelas. Fue un comienzo rodeado de calidez. Todo el personal se mostró “amigable” tal cual nos había anticipado la profesora.
Durante la primera hora de clase hablamos con la directora y nos contó algunas cosas sobre el funcionamiento de la escuela.
Luego, con la profesora, convenimos la forma de trabajo. Mariana, Alejandra y yo empezamos con segundo grado.
Mas tarde conversamos con Silvina, la seño de Ciencias. Ella fue muy amable con nosotras, contándonos como trabajaban los nenes y mostrando su buena predisposición para con nosotras. Nos sentimos muy cómodas con ella, no parecía haberse olvidado de sus comienzos.
Los dos primeros miércoles fueron de observaciones y el tercero ya dimos clase.
En la siguiente hora entramos al aula de segundo, para observar una clase de Lengua. Nos ubicamos en los bancos de atrás para no interrumpir la clase.
Cuando entré al aula, sentí una mezcla de pudor, miedo y ansiedad. La maestra nos ignoró en todo momento, no recuerdo si nos dio los buenos días.
Tenía muchas expectativas, que no son las mismas que tengo ahora.
En ese momento quería ser aceptada por los nenes.
Observamos una clase de lengua. La sala estaba acondicionada con dos pequeñas bibliotecas y había algunos carteles con actividades de los nenes. La maestra se dirigía a los niños con autoridad y a la vez con dulzura.
Los nenes se mantenían distantes, solo les regalaban miradas a Mariana y Ale. No solo miradas, a Mariana le regalaron un dibujito. Yo pensé: ¿será porque es mas joven y linda? , o ¿mas joven que yo? y por ahí les doy miedo. Bueno…por ahí otro día…¡ le regalaron a Alejandra!, también que es mas joven que yo pero no tanto!. Entonces sería porque tengo cara de “señora seria”.
Le preguntamos a la maestra, que tema podíamos dar, ya que el miércoles siguiente teníamos que dar clase nosotras. Nos dijo que podíamos elegir entre dos cuentos y que ella no había leído ninguno. Ese comentario nos sorprendió. Pensábamos que el cuento se elegía de acuerdo al tema que debíamos enseñar. Lo supimos mas tarde, no importaba el cuento, de todos modos la mecánica era la misma, leía, buscaban personajes, lo modelaban con masa sobre un trozo de papel y recomendaban el cuento. Nos preguntábamos: ¿no podíamos cambiar “masa” por otra actividad artística?
Otra cosa que nos llamó la atención fue que todos los cuentos que leía eran de Graciela Montes y en su Secuencia didáctica decía: “diversidad de autores”.
Leímos “Las velas malditas”, nos parecía un poco raro, salía de lo clásico. Pero nos terminó gustando tanto que lo tenemos entre nuestros planes de clase favoritos y lo recomendamos a nuestros compañeros.
Otro miércoles de observación (sin dibujitos). Al siguiente dimos la primera clase. Nos repartimos las actividades y dimos un poco cada una. Porque la profesora observaba las clases y nos quería evaluar a todas.
El tema era Dispersión de las semillas. Muy lindo tema. Llevamos semillas de todas clases, semillas que vuelan, que se enganchan. Muy lindo nuestro despliegue y los nenes estaban entusiasmados (aún los que en otras clases se mantenían inquietos). Fue ahí, frente a los nenes, justo cuando toda mi concentración la tenía puesta en la clase que estaba dando, cuando se acercó a mi una nena y con vergüenza me dio un papelito. Lo miré, ¡¡era un dibujito!! Mi sonrisa se mezcló con sorpresa. Se me agrandó el corazón. Guardé el dibujito en mi bolsillo de “seño”, le tiré un beso con la mano…¡Dios! Estaba parada frente al pizarrón… dando clase ¿Qué seguía?, ¿qué estaba explicando? Ah sí, Dispersión semillas.
La primera clase que tuve que dar sola era de ciencias. Cuando le pregunté a la seño que tema tenía que preparar me dijo: “me falta dar técnicas de estudio”, yo pensé: ¿para segundo?” y recordé que en la primera charla me había contado que estaban acostumbrados a buscar palabras claves, así que me tranquilicé. Busqué un texto cortito, que hable sobre semillas, árboles y frutos. Acondicioné su tamaño, hice copias para todos y como actividad final preparé un cuadrito con dibujos el cual tenían que completar con palabras extraídas del texto. La clase fue un éxito y trabajaron todos los nenes.
En el segundo cuatrimestre, cambié de ciclo y mis clases fueron para quinto grado. El modo de trabajo también fue diferente, ya no tenía que pedir temas para la próxima clase, tenía que hacer una secuencia didáctica de diez clases sobre ortografía y trabajar sobre eso. Hubo clases buenas y de las otras. La tercera fue un desastre. Los nenes no querían hacer nada. La secuencia pensada tenía juegos y trabajar en diferentes espacios.
Pero tuva que cambiarla toda a partir de ese día. Lo que había programado no funcionaba para ese grupo. Me sentí perdida, me desmoralicé. A partir de un consejo de la profesora de prácticas, empecé con una serie de ejercicios, parecía que los nenes solo respondían cuando estaban en continua actividad. Con el correr de las clases fueron trabajando con más ganas.
Solo un día hicimos un juego. A la profesora no le gustó el desorden, pero yo entendía que ese grupo trabajaba así y pude observar que aún, en desorden, ellos seguían las consignas y habían aprendido algunas reglas. (ésa era mi idea, que jueguen y aprendan)
En cambio sí me felicitó por el material que preparé y el despliegue. Me llevó algunas clases pero tuve varios logros.
Durante todo lo que va de esta carrera, algunas veces sentí el apoyo de mi familia, pero solo de palabra. Siempre tengo que afrontar reclamos, combinar horarios y contar con la buena predisposición (aunque no siempre) de todos para poder seguir adelante.
Siempre quise ser maestra, no imaginé otra profesión para mí. Ahora cuando me preparo para dar clase me siento muy bien .Siempre las preparo con entusiasmo.
Hoy tengo alguna ventaja, soy mamá y cada vez que entro al aula y veo las caritas de los chicos, se borra toda preocupación, toda inseguridad, las protestas de casa…no me siento mal, no me siento vieja…soy la seño y me siento feliz. Vuelvo a confirmar que no podría estar mejor en otro lado. Estoy segura que ese es mi lugar.

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