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miércoles, 23 de noviembre de 2011

CRÓNICA DE PRÁCTICA - MARIELA FLORENTIN - 3RO 2DA

Mi sueño hecho realidad…
Desde que era pequeña soñaba con ser maestra, mis supuestos alumnos eran: mi hermano y mis primitos; mi pizarrón era la pared de mi casa. Usaba tizas de colores, mis manuales de la escuela y todo lo necesario para mis clases. Recuerdo que mi felicidad era inmensa, ya que en ese momento imaginaba lo que viviría años más tarde. Hoy, hoy vivo una realidad como la que imaginé, con alegrías, ilusiones así vivencio mis primeras clases.
Deliberando sobre qué hacer mi relato, si de una clase, de la observación en el aula o el recorrido por la escuela finalmente opté por narrar el momento en que me dijo la directora de la escuela que me tocaba 1º, mi primer cuento en el aula y mi primera clase.
El día que llegué a la escuela nº 53 estaba muy tranquila sobre el grupo que me tocaría, no me había creado expectativas sobre qué esperar.
Cuando la directora nos atendió, muy amablemente, co comunicó que me tocaba 1º, no lo podía creer. En ese momento tuve un temor indescriptible, si anteriormente estaba tranquila mi situación cambió, pensé que los chicos serían chicos, muy chicos y no me encontraría cómoda, o que quizás no me querrían y muchas cosas más.
¿Cuánto tiempo pasó hasta que finalmente conocía a mi adorado primerito? Solo diez minutos, que soy un poco exagerada lo sé, pero bueno en esas situaciones todo puede pasar y uno siempre se imagina lo malo.
Desde el momento que ingresé al aula tuve de parte de ellos demostraciones de afecto, miradas, sonrisas, caricias, conversaciones hermosas. Todo iba de maravilla y el amor hacia ellos comenzó a crecer.
Uno de los días en que realizaba la observación, se suponía que sería un día más. Pero no, ese día sería distinto. La seño Karina me dijo si me animaba a leer un cuento, que lo haga así me quitaba el miedo de una vez.
La idea me encantó pero me sentía insegura y temía que eso me jugara una mala pasada.
El cuento era “Los tres chanchitos”, la maestra nos entregó el cuento antes del recreo de los chicos, así que aproveché el mismo para leerlo varias veces, antes de leérselo a los niños.
La lectura fue genial, surgieron improvisaciones que por las caritas de los chicos se veía que eran bien recibidas. La emoción con la que terminé el día fue inexplicable. Si lo hubiese soñado no hubiera tenido un resultado como el que finalmente tuvo.
Antes de finalizar mis días como observadora de la clase la seño Karina me asignó el tema, éste era el cuerpo humano, la idea me entusiasmó mucho desde el principio.
Comencé a buscar opciones por diferentes medios como: internet, manuales, etc. Quería que la clase fuera innovadora, original pero sobre todo del agrado de los niños y que fijara en ellos un aprendizaje significativo.
La maestra mostró siempre muy buena predisposición, en todo momento me daba consejos para realizar mi planificación.
Finalmente, cuando la terminé se la enseñé a la seño, le gustó mucho sobre todo porque tomé varios consejos que me otorgó.
El día de mi tan deseada clase era el miércoles, el mismo tenía todos los módulos para llevar a cabo mi clase.
Llegué nerviosísima con todos los miedos imaginables, estaba muy conforme con las actividades per me asustaba que los niños se mostraran desinteresados y que tanta dedicación y esfuerzo que coloqué para preparan mi clase no fuesen bien aprovechados.
En la primera hora la maestra completó los cuadernos de tarea, puse la fecha en el pizarrón y noté a los chicos muy entusiasmados por tener, aunque fuese por ese día, una maestra diferente.
Ellos copiaron el día más rápido que nunca, tuve que elegir a un nene y una nena para que contaran, uno a los varones y otra a las nenas, por último lo escribían en el pizarrón.
Mi clase empezó con un juego muy bien resuelto por los niños, lo que más me agradó fue la integración que noté entre los pequeños que no tenían habitualmente, me daba cuente que todos participaban desde sus lugares.
La siguiente actividad que era un rompecabezas gigante para cada grupo, la idea inicial era simplemente que lo armaran pero al ver la excitación en ellos cuando presenté a cada rompecabezas, que eran las imágenes de niños, les conté que tenía un amigo pero que mi amigo poseía un problema, él no sabía cómo iban las partes de su cuerpo y que mi amigo tampoco conocía su nombre. Este fue el disparador para que ellos le quisieran dar una identidad, acomodaban cada parte del cuerpo en su lugar, luego ellos mismos escribieron los nombres. Los exaltó en demasía escribir con los fibrones de colores que les llevé para trabajar.
Me sentí muy orgullosa porque la maestra armó con los rompecabezas ya terminados de los chicos un afiche gigante, el cual pegó en el pasillo colocándole mi nombre y el de mi compañero pedagógico, me sentí muy valorada y adoré la generosidad de la señorita Karina.
Con la última actividad armé un afiche con un niño dibujado, estaban marcadas las partes del cuerpo con las consonantes de cada palabra, ellos debían colocar las vocales.
La participación fue formidable, es más, tuve que agregar palabras para que todos pudieran pasar al frente.
Mi clase había finalizado: la alegría se salía de mi pecho, todas las incertidumbres, los miedos, las primeras hipótesis e inseguridades habían llegado a su fin. Percibí que los niños habían aprendido, se habían divertido, lo habían disfrutado tanto o más que yo.
Hoy no hace tanto tiempo de esta magnífica experiencia, todavía me emociono al rememorar la casa de los niños en cada juego, en cada actividad (las actividades no fueron solo las mencionadas hubieron más pero me pareció bueno rescatar sobre todo las lúdicas) como me preguntaban, me abrazaban, me mimaban. Sentí eso en mi clase, en cada observación, en cada recreo.
Es inexplicable el júbilo que aprecié y que siento todavía hoy por mis primeros alumnitos de 1º D, los amo y nunca los voy a olvidar.
La despedida fue muy difícil, les expliqué que mi tarea había llegado a su fin, ellos me miraban muy tristes, me saludaron, nos abrazamos. Pero me esperaba una sorpresa más grande aún, cuando ellos salieron de la escuela, yo me estaba retirando del establecimiento y me gritó la señorita Karina, yo la miré sorprendida pensando que había pasado algo malo. Cuando veo que con ella vienen mi alumnita Nahiara y su mamá, la nena lloraba desconsolada y la mamá me comentó que lloraba porque no me iba a ver más. La abracé lo más fuerte que pude, y le expliqué que quizás un día iría de visita a verlos pero que no se ponga así. El corazón se me partía de amor y pensaba, ¿entenderá la nena la alegría que me da saber que desperté tanto amor en ella? Es una situación que marcará mi vida y mi carrera para siempre.
Esto no hace más que corroborar que lo que soñé hace varios años, se hizo realidad y espero sinceramente que este sueño no terminé jamás.

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