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martes, 22 de noviembre de 2011

AUTOBIOGRAFÌA - MARIELA FLORENTIN - 3RO 2DA

Mi paseo por la escuela

Mi primer recuerdo sobre mi paso por una institución escolar se remonta a 1988 cuando tenía tres años. Asistía a un jardín de mi barrio, aunque no recuerdo su nombre. De ese momento sólo tengo presente una situación puntual, un día me llevó al jardín un amigo de la familia, él era un tío para mí, fuimos en un ciclomotor, mi amigo, su novia y yo. Desde el momento que me bajé me puse a llorar, me quedé agarrada a unas rejas llorando y tanto lloré que no se como hizo mi amigo pero me llevó de nuevo a mi casa. Allí me esperaba mi mamá, y hoy me doy cuenta que no fue ella la que me acompañó porque estaba embarazada de mi hermano, supongo que fue por eso.
Al año siguiente comencé mi escolaridad, asistí a un establecimiento privado llamado Instituto Sáenz, allí realicé sala verde, si hice sala azul no lo recuerdo, es más sé que fui a sala verde en esta escuela porque lo vi en una foto, no recuerdo nada de mis maestras, sólo algunos compañeros.
De primer grado hasta tercero fui al mismo colegio que anteriormente mencioné. Me encantaban los recreos, corríamos mucho y jugábamos todos juntos nenas y varones, era muy divertido y lo recuerdo como si no hubiese pasado el tiempo. Tenía una amiga de la que era inseparable se llamaba Marcela Lafóz y aún pasado los años nos volvimos a ver.
Esta escuela tenía dos patios: uno abierto y uno cerrado, el segundo estaba rodeado por todas las aulas, que eran muchas y estaban ubicadas en el primer piso y el segundo, estaban unidos por una enorme escalera ubicada a la izquierda de la entrada principal del colegio. La higiene de la misma era impecable.
La vestimenta que usábamos las nenas era un Jumper gris, con camisa blanca, corbata azul, medias azules zapatos negros o azules, para gimnasia se usaba un equipo deportivo azul con el escudo de la escuela, los varones llevaban un pantalón gris, camisa, corbata, zapatos igual al nuestro. Debíamos asistir con el pelo recogido.
En cuarto grado me cambiaron de colegio al Hogar Amor Maternal, era de menor costo porque mi hermano empezaba la escuela y era mucho dinero para mi papá enviarnos a los dos al Sáenz. Ésta noticia cambio mi vida, me dolió muchísimo.
Reconozco que a ésta nueva escuela nunca le tomé cariño y nunca me gustó. No tuve para con ella buena predisposición desde el momento que llegué, a pesar de todo tengo lindos recuerdos porque en definitiva fue a la escuela que más años asistí, en total fueron siete.
Al ingresar a éste colegio tuve que rendir un examen, en el momento de rendir conocí a mi amigo Jonathan, sin saber que se convertiría en mi mejor amigo de primaria, él tenía más miedo que yo de asistir a esa escuela, el pobre lloraba un montón, se mostró tan frágil que traté siempre de acompañarlo y nos hicimos muy amigos. A mi nuevo grado me integré muy bien, mi señorita se llamaba Lía, era la mamá de un compañero llamado Carlos, ella era muy buena, nos tenía mucha paciencia, era muy dedicada a nosotros y nos enseñaba con mucho amor.
En quinto grado conocimos a la señorita Cristina Caputo, desde el momento de la presentación nos dimos cuenta que sería muy exigente y creo que todos tuvimos miedo, la única diferencia fue que lo expresamos de distinta manera, algunos sin hablar, otros sonreían pero mi amigo Jonathan hizo lo que nadie se animo, se puso a llorar, se oían sus sollozos cuando me doy vuelta y veo que él lloraba, y que no era cualquier llanto eran lágrimas de angustia, de preocupación, en ese momento la seño Cristina le dijo: ¿Qué te pasa? ¿Por qué llorás? ¿Cuál es tu nombre? A lo que Jonathan contestó: Jonathan y ella volvió a preguntar: ¿Por qué llorás? Y él dice: Porque me dijeron que usted era mala, la seño Cristina comenzó a reír, creo que esa risa hizo que todos, incluido Jonathan, comencemos a reír y esa situación pasé a ser una anécdota graciosa y no trágica o traumática.
El edificio de esta escuela estaba constituido por dos patios: uno cerrado y uno abierto, éste último rodeado de salones y el piso del patio marcado con juegos, entre ellos la rayuela, un juego que constaba de cuatro esquinas, se colocaba un chico en cada una y uno en el medio que debía quitarle el lugar a alguno de los otros cuatro cuando éstos pasaban de una esquina a la otra, no recuerdo el nombre de este juego ya que recién allí lo conocí.
Realizábamos actividades físicas en el patio cerrado, durante la primaria, una vez en la secundaria íbamos a un predio. Esto había traído muchos cambios porque nos dirigíamos a él caminando, debíamos comer entre hora y hora, en algún quiosco porque en mi caso vivía lejos de la escuela.
Hay un recuerdo de la seño Cristina que quedó sellado en mi memoria, ella escribía con ambas manos, era ambidiestra, lo hizo por primera vez en el pizarrón y todos quedamos asombradísimos, nos dijo que sus papás tenían miedo que le pasará algo que hiciera que no pudiera escribir con la mano derecha entonces debía entrenar desde temprana edad la izquierda.
Recién hoy me doy cuenta que mi seño de 5º fue a la que más quise, a pesar también que fue con ella con la primera que dimos lección oral, o con quien calque mi primer mapa, ella nos enseñaba muchas cosas ya sea de la escuela como otras, situaciones cotidianas con las que nos íbamos a topar en la vida.
En 6º y 7º tenía dos maestras ambas se llamaban Patricia, les decíamos “Peluda” y “Pelada”, porque una tenía abundante pelo con rulos y muy largo y la otra tenía el pelo cortito, de éstas maestras lo que más recuerdo es su nombre únicamente y sus rostros con cara de enojada todo el tiempo, nos exigían mucho, eran muy rectas.
En ésta escuela de primero a séptimo íbamos a la tarde, recién en octavo asistíamos a la mañana con la secundaria.
Mi comienzo en 8º fue difícil porque no estaba muy acostumbrada a viajar sola, ya que mi papá tenía miedo y me mandó en micro hasta séptimo. Iba al mediodía en micro y a la tarde en colectivo porque salía a las 17:30 hs.
De octavo y noveno no tengo demasiados recuerdos, sólo que habían ingresado muchos alumnos nuevos y que en 9º viajamos a San Luis, Merlo como “viaje de egresados”, realizamos un campamento, estuvo buenísimo, tuvimos un fogón, con canciones, sketches, recorrimos las montañas, la ciudad, fue divertidísimo y lo recuerdo muy bien.
En 1º del polimodal mi escuela cambiaba de nombre pasaba a llamarse Instituto San José, era en el mismo edificio pero a la mañana, sólo cambiaban los directivos.
La orientación del colegio era Gestión y Organización de empresas, o algo parecido, era horrible para mi, no me gustaba nada, y la materia que más odiaba era Contabilidad, mi profesora tenía el apellido Rojas, era bajita, se pintaba los labios de rojo y era malísima, si bien nunca me fue mal, no me gustaba para nada la materia. Otra materia que no me agrada es matemática hasta el día de hoy.
En el corriente año mi papá se quedó sin trabajo, me sacaban del aula para advertirme de esta situación, lo cual me daba mucha vergüenza y no quería que mi hermano pasara por lo mismo, entonces al año siguiente decidí cambiarme, lo hable con mis papás y ellos entendieron ellos que era lo mejor.
En 2º del polimodal inicié en el ENSAM, Escuela Normal Superior Antonio Mentruyt, hoy en día se llama ENAM, en ese colegio realicé mis últimos dos años de la escuela secundaria, lejos de ser algo desagradable, fueron los mejores años, era una escuela pública, tres veces más grande que a las anteriores que asistí, con actividades extracurriculares, todo el día, había deportes, periodismo, teatro, centro de estudiantes y hasta clases de apoyo de las distintas materias con los mismos profesores de la clase.
Apenas entré me anoté en voley ya que desde los 8 años realicé ese deporte, me encantaba estaba más horas en la escuela que en mi casa, pero me sentía tan bien tan cómoda.
En este establecimiento la orientación en la que me inscribí era Ciencias Naturales y tenía que dar tres equivalencias; Biología, Química y Física.
Rendí sin problemas las tres materias.
En esta escuela me llamaba la atención que si uno asistía a gimnasia había un buffet para almorzar allí, uno no salía a comer a la calle, todo lo que uno necesitaba estaba dentro de la escuela, fotocopias, quiosco, librería, todo.
Había dos patios, el abierto y el cerrado, pero el abierto rodeado de canchas de tierra y de bancos para sentarse, bancos debajo de los árboles.
Terminé mi secundaria a la tarde y coseché allí también amigas de mi año y de los demás, pasábamos tantas horas allí que nos conocíamos todos, e inclusive competíamos los fines de semana representando a la escuela en los torneos de voley.
Mi profesor de voley fue quien me entregó la medalla de fin del polimodal, su nombre era Pablo Paulozzo, lo quería mucho y él más que un profesor era un amigo, nos escuchaba, nos aconsejaba y hasta nos retaba si era necesario, era muy estricto pero siempre estaba para lo que lo necesitábamos, fue por todo esto que terminar fue, triste, ya que era una gran familia.
En esta escuela todo era diferente, por ejemplo tenía compañeros que habían repetido de año, y una compañera embarazada que fue con la primera que me senté, se llamaba Paola después ella dejó. Mis compañeros se peleaban entre ellos y con chicos de otros cursos, eso nunca había pasado antes.
El mejor año fue el último teníamos muchas horas libre y jugábamos en el patio todos, escuchábamos música, jugábamos a las cartas, al ajedrez, bueno en realidad intentaban enseñarme a jugar.
Tenía una profesora de apellido D´Andrea, era profesora de geografía, nos tomaba lección todas las clases, en su clase abundaban los desaprobados y el silencio. Encima a mi siempre me llamaba primera pero por suerte aprobaba y hasta después de un mes no me llamaba más.
Con la profesora de Química de apellido Sardella, utilizábamos muchísimo el laboratorio, era algo nuevo para mi, sembramos unas plantitas, yo coloqué semillas de tomates cherry, que dieron muchos frutos, los cuales traspasé a la tierra del patio de mi casa, y les dí a mis dos abuelas que todavía el día de hoy las tienen.
Una vez que terminé la secundaria mis padres y mi padrino consideraban que lo mejor sería que asistiera a una universidad privada y así fue, me anoté y comencé a estudiar Licenciatura en Psicología, empezando cuarto año dejé, empecé a trabajar, me había cambiado de turno, en ese momento sentí que no era para mi, pero hoy creo que mi decisión se debió a que no me gustaba depender de nadie, quizás si yo misma me lo hubiera pagado hoy ya lo habría terminado, pero la vida tenía deparado algo distinto para mi. Conocí a mi novio, hoy mi marido y el padre de mi hijo.
Cuando mi hijo tenía un año tomé la decisión de volver a estudiar pero algo que a mi me gusté y que no tenga que consultar con nadie, me anoté en el Instituto de Formación Superior Nº 11, mi hermano siempre me decía que tenía que estudiar para ser maestra porque tenía paciencia y siempre lo ayudé a estudiar a él a mis primos más chicos, me gustaba mucho hacerlo.
Empecé en el 2009 primer año, tenía muchas expectativas, muchas ganas a pesar del sacrificio que implica tener una familia, una casa, trabajo, ocupaciones pero sobre todo dejar esas horas a mi hijo, hasta que me planteé a mi misma que eso también era para él, para que vea a su mamá feliz y que pueda ofrecerle algo más.
Aquí conocí muchos compañeros de los cuales hoy de varios soy amiga, son los que me ayudan, me contienen y cuando uno decae te ayuden a seguir adelante y lo mismo de mi parte para ellos.
De todas las experiencias que me marcaron este año las principales fue tener, desde un profesor que te aliente y te apoya, te enseña, te lee cuentos y te sentís niña otra vez, hasta profesores que no te enseñan nada, te tratan mal y aunque no lo quieras te obligan a replantearte para que estas aquí, pero aún así considero que de ellos también aprendo, aprendo lo que no tengo que hacer, para no lastimar a nadie. Tenemos también una profesora que nos enseña a bailar folclore y canciones para transmitirles a nuestros alumnos, en pocas clases me divierto tanto como en esa. De cada profesor se aprende algo y más si uno quiere seguir el mismo camino, llegar al objetivo deseado, el mío es llegar a ser una BUENA MAESTRA con todo lo que ello implica.

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