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lunes, 27 de diciembre de 2010

Mi experiencia en el Taller, por Profesora Fernanda Petit

Escribiéndonos, describiéndonos

Siempre me pareció incoherente pedir a otros que lean si uno no lee, que escriban si uno no escribe, que escuchen si uno no sabe escuchar... Por eso pensé que una forma adecuada de terminar el Taller de escritura académica, memoria docente y reflexión sobre la práctica podría ser escribir mi relato acerca de lo vivido en él. Y aquí vamos...
Concursé por primera vez para dar clases en Superior este año, con muchas dudas e inseguridades, tratando de vivirlo como una experiencia, como un aprendizaje. No pensaba en la posibilidad de tomar las horas realmente ya que no tenía antecedentes en el nivel, y mi título universitario es bastante reciente. Entregué el Proyecto luego de días de mucha lectura y poco sueño, y pasaron meses antes de recibir el llamado para presentarme al Coloquio. Fue grande mi sorpresa al saber que había quedado en segundo lugar, pero como la profesora que había obtenido el primero no podía tomar las horas de la noche, estas ¡serían mías!!! Aumentó aún más mi asombro al saber que el Taller comenzaba la semana siguiente al Coloquio, y que ese mismo sábado tenía mi primer Tain. Ese Tain fue mi primera experiencia en el Instituto Nro. 11 como profesora y me sentía muy alejada de los saberes que allí circulaban, sobre todo porque se trabajó sobre un texto que yo, obviamente, no había leído por haberme incorporado el día anterior. No obstante, todos los profesores me hicieron sentir muy cómoda, a gusto y bienvenida. Fue muy emocionante reencontrarme con el profesor Elías, la profesora Viviana Massobrio, Estrella, el profesor Menghi, Maria del Carmen Zanaboni; que fueron mis docentes cuando cursé magisterio en este Instituto hace ya 15 años, y hoy son mis colegas.
El Tain fue placentero, pero ahora llegaba mi primera clase. Pensé mucho qué decir, cómo empezar, qué texto traer. Por un lado estaba mi intuición y por otro los consejos que me daba la profesora Liliana Prodan, ganadora del Concurso y becada en Francia por el tema que aborda nuestro taller. Sentía mucha inseguridad, desconocía horarios, fechas y normas, planifiqué una materia para 14 clases, que se concretaron en 9...
Hay dos cosas que sé que tengo a favor: la primera es que amo lo que hago, lo hago con pasión y eso, algunas veces se transmite. La segunda es que soy sincera respecto de lo que conozco y lo que no...
Al entrar al aula de Tercer año y encontrarme con ese grupo de chicas sentadas, un poco confundidas y enojadas por esta materia que les habían agregado en la segunda mitad del año, tuve un “flashback” hacia la época en la que estudié para maestra, en esas mismas aulas, mucho más joven, llena de inseguridades y con tantas ganas de aprender... Recordé mis prácticas, mi residencia... Y recordar mi residencia me lleva inmediatamente a recordar una de las cosas más tristes que viví, la muerte de mi hermano, de cuyo accidente vinieron a avisarme mientras yo daba una clase en 4to grado de una escuela de Villa Diamante.
La primera clase me resultó corta, rara, estuve muy nerviosa, noté alguna resistencia por parte de las alumnas a realizar otra tarea más además de las que ya tienen. Además las chicas iban llegando por etapas, venían alumnas de otro turno, algunas me decían que no iban a poder escribir sobre sus prácticas u observaciones porque no las habían hecho, otras me decían que ya habían hecho un trabajo parecido (una bitácora) con su Profesora de Prácticas. Encima la persona que yo tenía como referente en el Instituto, quien me recibió y me brindó su consejo y ofreció su ayuda, a la semana no vino más por tener un accidente hogareño y quebrarse el tobillo...
A medida que pasaron las semanas me sentí más cómoda con el Taller y con mis alumnas. Pudimos encontrar un espacio de reflexión en el que cada una volcaba experiencias, alegrías y frustraciones, pudimos conocer la diversidad que había entre nosotras, las distintas historias de vida y realidades...
El Taller me sirvió para darme algunos gustitos cuando las chicas venían a consultarme temas para sus prácticas, pude recordar mis días de maestra de primer grado cuando me preguntaban cómo se enseña a leer y escribir.
Luego de leer algunos relatos del libro La vida en las aulas, de Carlos Lomas, les propuse escribir un recuerdo escolar, el más lejano en el tiempo que encontraran. La mayoría lo primero que dijo fue que no recordaba nada, que ya había pasado mucho tiempo. A la semana siguiente escuchábamos emocionadas los recuerdos que traían, algunos incluso acompañados de fotos. Compartimos relatos emocionantes, divertidos, tristes, otros que provocaron bronca... El recuerdo de un nene al que la seño olvidó permitirle ir al baño y se hizo pis encima, una alumna que con su imaginación pasaba más tiempo fuera que dentro del aula, una seño que solucionó un cuaderno arruinado con un gesto de amor, una mano quemada por experimentar con el calor, una clase de Malvinas autobiográfica, alumnas que sabían más de los patios y del quiosco que de las aulas, otras que conocían tanto las aulas que contaban los cuadraditos de la pared. Celos de hermanos y primos, moños azules y portafolios marrones, banderas perdidas por un infortunio, amigos a los que se imitaba para ser mejores, un señor que pretendía estafar a los alumnos vendiendo mapas, un compañero perdido en una quinta...
Y entre los primeros relatos y las biografías que vinieron después, volvieron a nuestras vidas aquellas escuelas y aquellos maestros y profesores que tanto bien y tanto mal nos hicieron, y mientras leía o escuchaba los relatos de las chicas, recordaba yo también mi historia escolar, veía a mis maestras reflejadas en las que ellas traían...
En sus biografías escolares aparecieron pedacitos de sus vidas, sus amores del secundario, en algunos casos aparecieron embarazos y adolescencias interrumpidas para ser madres, historias muy duras a veces, de pérdidas afectivas y necesidades económicas; los hijos, los padres, la vida nos pasa mientras vamos a la escuela. Y en la escuela aprendemos también a amar, tener amigos, seleccionar, ganar y perder, seguir creciendo...
Fue muy curioso conocer otro sistema educativo de la mano de los relatos de una alumna que cursó Primaria y Secundaria en Perú, en una escuela muy militarizada donde ella era brigadier... Apareció entonces el tema de estudiar en democracia, y los testimonios de quienes estudiaron durante la última dictadura militar.
Por las diferentes edades que había entre nosotras, nos encontramos quienes habíamos cursado Primaria y Secundaria, quienes vivenciaron la EGB hasta 9º Año, quienes tuvimos Taquigrafía, Mecanografía, y quienes estudiaron buscando datos en Internet.
Las clases pasaron y llegamos al último trabajo que las chicas debían realizar: un relato de su experiencia como practicantes, como alumnas del profesorado. Lo malo de este trabajo fue que hubo poco tiempo para pensarlo, y leerlo en clase no se pudo, porque como mencioné al principio, las clases fueron menos de las pensadas. Lo bueno es que como modelo o disparador antes de escribir, leímos relatos de alumnas como ellas, con los cuales se sintieron muy identificadas.
Al leer las últimas producciones de las chicas noté en primer lugar su evolución en la escritura. Luego del primer relato les señalé cosas como: “no escribimos como hablamos”, el uso correcto del “de que”, y cuestiones de tildación. Fue muy grato leer sus últimas producciones, y la corrección de las primeras, y ver como habían podido reflexionar sobre sus escritos y mejorarlos.
Fue muy corta la cursada, me quedé con muchas ganas de hacer cosas, pero la devolución que las chicas hicieron del Taller fue muy alentadora.
Ayer concursé por otro espacio curricular en Superior, y me sentía muy bien cuando mis alumnas del Taller pasaban y me daban ánimo, me hacían señas de buena suerte, Roxana, que integraba el Tribunal, me alentaba con su mirada. Pero lo que más me emocionó fue que el Profesor Menghi, que fue mi docente cuando cursé el Profesorado y hoy lo es de las chicas; un docente de métodos ortodoxos y mirada aguda, me dijo que le mejor referencia que tenía sobre mí, era la que le habían dado mis alumnas... Me lo dijo y en medio del Tribunal Evaluador me puse a llorar, como ahora mientras escribo esto.
Nunca voy a olvidar a mi primer grupo de alumnas de Superior, como nunca olvidé a mis primeros alumnos de primer grado de Primaria...

Carolina, una divina, con su sonrisa tierna y su enorme sentido de la responsabilidad...
Sabrina, espontánea, alegre, no reprime lo que piensa y lo deja salir sin filtro...
María Emilia, callada, me pareció esquiva al principio y me sorprendió con sus relatos...
Claudia Cornaglia, toda dulzura y amor, espero que sea maestra de primero..
Lili, cuánta historia, cuánto dolor y cuánto esfuerzo, espero que sea reconocido y que encuentre mucho amor en su vida...
Marisa y sus ojos pintados, llegaba con sus últimas energías pero nunca dejó de hacer los trabajos ni de darnos sus opiniones...
Silvina, cómo me divertí con sus narraciones, escritas siempre después de preguntar si era “realmente” necesario hacerlo, cuánto hubiéramos perdido si no lo hacía, y cuánto hubiéramos dejado de saber si ella no nos trajera sus inquietudes...
Claudia Gonzalez Veloz, tan responsable, cumplidora, exigente con ella misma, buena alumna, alegre y joven madre...
Alicia Guzman, tardó en mostrarse porque hablaba poco, aunque sus relatos hablaban por ella, y resultó ser tierna y encantadora...
Pamela Isabella, siempre muy preocupada por sus prácticas, al igual que Caro, ávidas por saber, anotando datos de libros y autores...
Fabiana Maldonado, qué hermoso su primer relato, cómo nos emocionó, con su timidez, su dulzura y su afecto...
Roxana Massi, luego de avisarme que me iba a interrumpir, siempre lo hizo, como también hizo todo lo que había que hacer: escribir opinar; porque si algo le preocupa es cumplir...
Juliaeta Pistolesi, toda alegría, hincha de Banfield como yo, con una ternura de nena aún...
Elizabeth Ruiz, toda dulzura y sinceridad, muy afectuosa, y con mucho esfuerzo y sacrificio detrás…
Fernanda Sarmiento, espontánea, explosiva, haciendo las cosas a último momento pero siempre con una sonrisa…
Beatríz Soriano, cuánta historia nos trajo, por momentos se iba de la clase y luego volvía, siempre con una muestra de afecto…
Vanina Zamora, responsable, cumplidora, autora de excelentes producciones al igual que Pamela, y siempre dispuesta a saber más…


Lo último que me preguntaba era el “para qué” de los relatos, porque creo el sentido de la escritura con un destinatario concreto, por eso surgió la idea de hacer el blog muchomasquetizaypizarron.blogspot.com; para que sirva al menos de recuerdo, de registro, de contacto para volver a leernos y vernos, para volver a la escuela...

Fernanda Petit
2010

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