BLOGGER TEMPLATES AND TWITTER BACKGROUNDS

lunes, 27 de diciembre de 2010

Memorias, por Roxana Masi

“Memorias”


Este año, durante mis prácticas áulicas, más precisamente en el período de observación, tuve la oportunidad de conocer a una docente que me resultó bastante particular.

Nora, es su nombre, estaba a cargo de las clases de Matemática y Ciencias Sociales. Se mostraba simpática y graciosa e incluso burlona con su grupo de alumnos de quinto grado; el mismo grado en el que tendría que presentar una clase para que mi profesora de Práctica del instituto al que asisto, evalúe mi desempeño al frente de un grado.

Presencié, afortunadamente, una de sus clases: “Clasificación de triángulos”. Me resultó sumamente improvisaba, para lo que en realidad pensaba ver. No obstante, ello no me alarmó, pues, reconozco que, respecto de los temas de esta materia, tengo amplios y sólidos conocimientos.

Llegó el día de designación de temas y me tocó: Clasificación de cuadriláteros. A pesar de conocer algo de geometría, (pues mil veces prefiero aritmética o álgebra), indagué distintas maneras de abordar el tema. En lo posible buscaba disparadores lúdicos que consiguieran atraer la atención de chicos como los del grado, quienes siempre se mostraron inquietos y poco interesados. Armé la clase, y le entregué el plan a la maestra.

Luego de haber sonado el timbre que anunciaba la finalización del recreo, los chicos ingresaron al aula. Ya estaba preparada para dar mi clase. Nunca hubiera imaginado lo que sucedería después…

En cuanto mi clase comenzó, surgieron los primeros obstáculos: al menos un par de alumnos no reconocieron la diferencia entre un rectángulo y un cuadrado, y, mucho menos, entre un rombo y un romboide, porque de ellos no sabían escribir ni el nombre.

Inmediatamente, me sumergí en mi pensamiento, tratando de discernir entre hacer lo que estaba pautado, o bien, tomar al toro por las astas, y, dirigir la clase en otra dirección aunque significara tener que abordar otros temas. Tuve en claso que mi único propósito era transmitirles conocimientos; no interesaba la cantidad sino la calidad. A partir de ese segundo la clase que había planeado era parte de la historia; aquel presente estaba en mis manos y yo, asumía por completo, toda la responsabilidad… y fue todo un éxito pues comprendieron el tema y realizaron, entusiasmados todas las actividades que les di. No puedo resumir en palabras lo que todo esto significó para mí, era un hecho que legitimaba con firmeza mi elección de ser docente.

Lo lamentable fueron los dichos de Nora, la maestra, que, una vez terminada mi clase opinó que tendría que haber dado una clase donde los chicos copiasen… y nada más.

1 comentario:

  1. Buena entrada! yo también soy profesor pero de segundo grado.
    me encanta poder enseñar y tener actividades con ellos. para este año tenemos una sorpresa especial para ellos en donde vienen los de Kraft Foods Argentina a ayudarlos con su alimentación

    ResponderEliminar