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miércoles, 15 de diciembre de 2010

¿Dónde me metí?, por Pamela Isabella

¿ Dónde me metí?

Seguramente, alguna vez, te ha pasado preguntarte dónde te has metido. Esto es así ya que en la vida se nos presentan constantemente situaciones en las que debemos elegir entre diferentes alternativas y cuando optamos por una de ellas y aparecen dificultades, sentimos que adoptamos la opción equivocada y enseguida queremos bajar los brazos.

Sí, es triste, pero eso me sucedió a mí cuando comencé con mis prácticas.
Apenas empezábamos a cursar la materia “Espacio de la práctica” y nos encontramos (lo digo en plural porque incluyo a mis compañeras) con una profesora con la que nos bastaron cinco minutos de escucharla como para saber lo que nos vendría. Tengo que ser sincera y admitir que, a pesar de parecer complicada, me gustaba lo que quería transmitir.
Ese mismo día, la profesora nos dividió y debido a que éramos impares quedé con un alumno del turno mañana. Por supuesto, me hubiese gustado trabajar con alguien que conocía pero, no me molestaba tener que relacionarme con un desconocido.
La profesora nos citó para un día determinado, en una escuela que se encontraba lejos del centro de Lanús, nos comentó que quería que tengamos la experiencia de trabajar en instituciones tanto periféricas como céntricas, lo cual, me pareció una buena idea.
Ese mismo día, comencé con las observaciones y conocí a mi compañero.
Nos asignaron quinto año, y como era un 25 de mayo esperamos a que termine el acto para entrar al curso y presentarnos. A penas terminó el mismo, fuimos a la puerta del aula a esperar a la docente, y vimos que venía apresurada, entró al aula sin saludarnos, como dice la frase “llevándose el mundo por delante”, mi compañero me miró y me dijo; ¡tenemos un problema!
Yo sabía que era normal, ya que a veces las maestras sienten que los practicantes invaden su territorio, que vienen a criticarlos, y demás cosas que se dicen, asíque le dije a mi compañero que no se preocupara y que no debíamos prejuzgarla y luego, con el transcurso de los días fue hablándonos mejor, nos dio los temas para las prácticas y nos dejó libres para trabajar como quisiéramos, cosa que no nos favoreció mucho.
Preparé todo lo debido para comenzar mis primeras clases. Nada parecía andar mal, no estaba nerviosa ni ansiosa hasta que, comencé ese primer día; en el que tuve que dar cuatro horas corridas. Comencé con un juego de Matemática para trabajar rectas, en el cual, los alumnos/as debían estar parados en el aula, pero cuando vi como habían llagado los alumnos y la cantidad que eran (que me parecía que se habían multiplicado por veinte ese día) no tardé ni un minuto en cambiar de estrategia, los hice sentar y jugar desde sus bancos.
Me dije: ¡ya empezamos mal!
La próxima hora, la dedicamos a Ciencias Naturales, trabajamos con experimentos, y como toda clase de ciencias, los alumnos estaban no entusiasmados sino exaltados, parecía que nunca hubiesen trabajado con experimentos. Llevé diversas mezclas para que por grupos debatieran qué había dentro de los frascos etiquetados. ¡Por Dios! ¡Aquello parecía un caos, un tremendo caos! Era tanta la emoción por parte de ellos y tanta la impresión por mi parte que no conseguía que respetaran los turnos para escucharse, y no me escuchaban, todos gritando… ¿acaso no me dijeron qué no debía gritar?...y entonces… ¿cómo hago? Quinientas preguntas pasaron por mi cabeza en un solo instante. De pronto, un silencio parecía haber tomado el aula, no era un silencio real, sino una sensación de mi parte como si hubiese puesto “mute”, como cuando en las películas se muestra que una persona ve las cosas de lejos impresionada, eso me estaba sucediendo en medio del barullo, no sabía qué hacer ni cómo hacerlo, y la docente permanecía inmóvil en el escritorio, sin intervenir, sin haberme presentado, sin haberle dicho a los alumnos que yo tendría la misma “autoridad” que ella, sin hacer nada, cosa que aún me desesperaba más. No sabía a quien culpar, debía hacerme cargo de lo que estaba pasando, estaba desesperada. Séme sincera… ¿alguna vez te sentiste así? A mí fue la primera vez que me sucedía tal cosa, por eso me paralicé y como si todo esto hubiese sido poco, entró Rosita, una mujer divina que era la maestra integradora que venía para hablarme de Jesica, una alumna con problemas de aprendizaje. Mientras Rosa me hablaba, yo veía el panorama tras ella, ni la escuchaba, en mi cabeza resonaban preguntas tales como: ¿no ve el caos que hay? ¿Es tan normal que se porten así como para que nadie intervenga? Y muchas otras más, por supuesto.
Sí, todo esto pasaba por mi cabeza, aunque no lo creas. Por supuesto que, transcurrió el día y a pesar que para mí había sido el más largo de mi vida, ya había concluido. Pero yo, estaba muy angustiada y con muchas ganas de llorar, ya que no sabía cómo enfrentar el siguiente día, ni tampoco sabía a quién preguntarle, además, era yo quien tenía que afrontar al grupo e imponer orden y respeto. Me sentía sola sin el apoyo de nadie.



Al día siguiente fui con otra actitud y tuve que dar sólo dos horas debido a que, mi compañero daba las dos restantes. Por suerte, ya esta segunda clase pude tener más control del curso y desarrollar la clase como la había preparado.
No sentí, en aquel momento que mis estrategias me hubieran servido; los alumnos se portaban bastante mal y no les importaba lo que decíamos, me alivió saber que no era conmigo sólo que tenían esa actitud sino también con mi compañero.
Se aproximó el segundo cuatrimestre y no sabía lo que vendría, sin embargo, tuve una actitud positiva y muchas ganas de seguir dando clases, lo tomé como un desafío. Pero, esta vez me habían asignado una escuela céntrica de Lanús, particularmente, un primer grado, catalogado como malo por los problemas de aprendizaje y por la cantidad de alumnos que tenía. Allí, conocí a la señorita Marcela, docente excelente con una dedicación increíble, quien me enseñó muchísimo, hasta me preparó una clase exclusiva para mostrarme cómo daba ciertos contenidos.
Desde aquel momento comprendí que es inimaginable lo que una maestra puede influir en el aprendizaje de una practicante. Ella fue mi gran guía.
Gracias a Marcela tuve unas prácticas grandiosas; sus recomendaciones y su apoyo permitieron que recupere la confianza en mí misma y logré un excelente dominio sobre el grupo.

Estoy segura de que todo no fue en vano, a veces nos pasa que en medio de situaciones desconocidos actuamos, pensamos, y nos incomodamos frente a lo nuevo, a lo diferente, a aquello que nos hace sentir débiles. Sin embargo, en este preciso momento, es cuando se produce el aprendizaje, en aquel lapso en el cual debemos romper nuestras estructuras, y crear otras nuevas que se adapten a las nuevas circunstancias…


Sólo es cuestión de no bajar los brazos, aprender y disfrutar de la vocación que uno eligió.

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