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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Biografía escolar , por Carolina Ayala

Nuestro paso por la escuela es largo, comienza por la prima infancia y culmina en la adolescencia, ya camino a la adultez. Toda nuestra vida, está dedicada a aprender. Mi primer acercamiento a la institución escolar, el Jardín 920; recuerdo que fue con muchos miedos y dudas; estar lejos de mi mamá era para mí una idea un poco rara. Pero al ingresar, y ver todo un lugar lleno de color y distinto, me llamó mucho la atención. En el transcurso de los meses ya conocía mejor a mis compañeritos y a mi señorita, Mónica.
Allí aprendí a compartir en grupos mis primeros juegos, como “la mamá”, en el rincón de la casita.
Un pasito más, fue cuando ingresé en primer grado, en la escuela Héroes de Malvinas N° 53, allí conocí a una gran maestra, Mimi; la cual dejó una huellita muy especial en mí. Con ella compartí dos hermosos años, en los cuales aprendí mucho. A escribir en cuadernos, mis primeras palabras y oraciones; recuerdo que nos ayudábamos con el abecedario hecho por ella misma, que se encontraba arriba del pizarrón, mi cursiva un poco rebuscada con colitas, tratando de imitar a la de ella y mezclándola con la mía. Algo tan importante, es el hecho de aprender a leer, y lo hice con ella, creo que ya desde esa etapa me gustaba leer. También tengo muy presente el trabajar en conjunto, con un objetivo en común, como lo fue la creación del diario “Monigote” de segundo grado. Por último, el cariño, de docente a alumno, la predisposición, las ganas, y el entusiasmo que le ponía a sus clases en todo momento.
En tercer grado, lo primero que se me viene a la mente es que la señorita Marcela era muy organizada y nos enseñó eso, a utilizar la carpeta correctamente, a tener un cuadernito aparte para practicar todo lo que veíamos en clase. A ser prolijos y cuidadosos en todo lo que hacíamos.
En cuarto grado aprendí a tener paciencia, “si paciencia”, mi señorita Beatriz, transmitía tranquilidad y puara paciencia; en cambio en quinto, gritos y retos, era lo más destacado.
Ya en sexto y séptimo, mi grupo de amigos y amigas estaba bastante formado, es así que aprendí de valores, de amistas y compañerismo; el hecho de pertenecer a un grupo. También a estudiar un poquito más, ya que en sexto, me saque mi primera nota baja, ¡fue un tres! En Ciencias Sociales, no lo voy a olvidar. Lo más gracioso era que fue un reto general a todos, de las dos maestras a cargo, Lida y Norma.
Mi paso por esta escuela, fue muy agradable y no lo voy a olvidar jamás.
Lamentablemente, yo tuve que cambiarme de escuela porque mí mamá decía que ésta había cambiando mucho, y que si yo quería seguir estudiando era necesario dicho cambio. Al principio, no me gustó nada la idea, pero hoy creo que fue lo mejor.
El cambio fue bastante duro, porque no solo fue de escuela sino también que me mudé; así que era empezar todo de cero, y lo más difícil era en la etapa en la cual me tocó vivir todo esto; la adolescencia.
Me encontré de un día para el otro perdida, tenía que volver a entablar nuevas amistades, soltarme de lo había vivido, guardarlo en mis recuerdos y empezar de nuevo, en la escuela, Fray Mamerto Esquiu N° 18.
Allí curse octavo y noveno, me costó “engancharme” con mis nuevos compañeros y compañeras, pero de a poco fui formando algunas amistades muy positivas de las cuales a algunas hoy las sigo viendo, por ello creo que el sentimiento de compañerismo y amistad se fortaleció en mí.
En lo que respecta a los aprendizajes escolares, fue muy bueno en muchas cosas y en otras no tanto. Por ejemplo: aprendí a realizar mapas y redes conceptuales, a analizar sintacticamente oraciones, con una profe bastante graciosa que nos enseñaba latín, del cual no me acuerdo nada y tampoco entendía nada; en Naturales aprendí a copiarme, en noveno año, con un profe al que no le importaba nada, todos estábamos aprobado aunque nos saquemos un “1”, el hecho de estar allí, ya alcanzaba para él; también recuerdo a las famosas:“equivalencias químicas” , algo que odiaba pero al fin y al cabo, al entenderlas me terminaron gustando.
Voy a reconocer que cuando llegué, mi mirada era totalmente negativa, pero como dije antes, fue lo mejor, porque me independicé en algunos aspectos, el viajar sola, por ejemplo, una de mis mejores amigas las conocí allí, también tuve mi primer “amigovio”, y lo que significa todo eso para un adolescente; aprendí a estudiar más, porque dicha escuela es bastante exigente (o por lo menos cuando yo iba); y en ese momento había algunos profesores que realmente enseñaban.
Esos dos años fueron lindos y crecí mucho como persona.
En el año 2003 ingresé a la secundaria, el polimodal, como lo llamaban hace algunos años. Ese paso fue muy fructífero, por un lado la mayoría de los profesores me dejaron alo positivos, la institución a la cual concurría, es la actual Media N° 3, estaba compuesta por preceptores y directivos amigables, buenas personas; que solían compartir algunos momentos, cuando podían, con nosotros, algo valorable para mí.
Nos enseñaron no solo contenidos, sino también a ser mejores personas, “lo humano”, a formar un buen grupo entre nosotros a mirar las cosas de otra manera, pensar y reflexionar sobre nuestros actos y todo aquello que veíamos y leíamos.

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