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lunes, 27 de diciembre de 2010

Así es la vida, por Vanina Zamora

Así es la vida.
En el segundo cuatrimestre de la Práctica en terreno de Segundo Año me designaron Primer Grado. Al tercer día de la semana de observación, ya tenía los contenidos que les debía enseñar a los niños. Al llegar la semana de prácticas, yo me encontraba contenta porque debía dar Ciencias Naturales, área que me gusta mucho. Con todo mi entusiasmo, había preparado la planificación y se la había presentado a la docente, con anterioridad, para que realice las correcciones que crea necesarias.
El tema a desarrollar era: “Los tipos de plantas (árboles-arbustos- hierbas)”, pero en mi primera clase me dediqué a darles las partes de una planta, para que luego reconozcan los tipos. De esta manera, me centré en los saberes previos que los alumnos traían desde Jardín, e incluso lo que habían visto con la actual docente en el presente año.
La primera clase fue muy dinámica, entre todos trataban de recordar lo que sabían acerca del tema. Como cierre de esa jornada, les hice presente un rompecabezas, el cual armaron muy entusiasmados.
Pero mi relato no es una acumulación de sucesos, sino que me voy a dedicar a expresar lo vivido en una clase en especial. La cual, le da el nombre a este ensayo.
En la segunda clase sobre las plantas, fui observada no solo por la docente, sino también por una nueva profesora de Prácticas, porque la mía, había tenido un accidente hogareño y no podía trasladarse debido a su imposibilidad para movilizarse. Digo “nueva” porque yo nunca la había tenido como profesora, otras compañeras si.
Visiblemente mis temores se multiplicaron, me observaba una persona que yo no conocía. La clase fue…pésima. Los niños estaban alborotados, se aburrían con mi clase, y yo, que me daba cuenta, trataba de remontar algo que ya estaba hundido. Tantas horas invertidas en la planificación, buscando material, observando a la docente, y a su vez, dialogando con ella para que exprese lo que cree más conveniente para sus alumnos (debido a que al ser la maestra del grado, comparte abundantes momentos y los conoce más que yo, en dos semanas), básicamente tirados a la basura. Lo primero que pensé, fue calmar a los chicos. Pero luego, es incuestionable pensar: “Mi carrera está arruinada, ¿por qué no vino ayer?”.
Si, definitivamente todo esto ocurre en los pensamientos de una practicante desesperada, cuando está dando una clase fracturada.
¿Cómo salir de este caos? Todos los ojos, que en realidad eran dos pares de ojos, observando como vas a recursar las Prácticas. El reloj no pasaba más y los niños, por fin, lograron mantener medianamente el orden. El problema se encontraba en que no podían terminar de copiar lo que estaba en el pizarrón, culpa que asumo como un error pura y exclusivamente mío.
En ese momento, recordé a Paulo Freire. Sin querer, yo había dejado de lado, por unos instantes, el método dialogal. Entonces, decidí retomarlo. A partir del diálogo y de la reflexión, llegamos ambos (alumnos y yo) a crecer. Por un lado, ellos pudieron entender el tema en cuestión, de manera más amena. Y por el otro, quien escribe estas líneas, logró darse cuenta de sus errores y retomar la clase. Para transformarnos en sujetos de proceso, en el cual, crecemos todos juntos.
Así es la vida, no hay quien evolucione sin haber dado antes un paso hacia atrás.

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