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martes, 30 de noviembre de 2010

La escuela y sus docentes, por Pamela Isabella

La escuela y sus docentes.

En la escuela nº19, Yapeyú, realicé mi primaria. Recuerdo el día en que mi mamá me cambió de turno, pasaba a cuarto grado y no estaba muy contenta de tal cambio, ya que dejaría de ver a mi mejor y actual amiga, Yessica.
En ese primer día de clase, día que esperaban todos menos yo, los niños corrían hacia el colegio muy entusiasmados.
Al entrar en él, un sentimiento enorme de tristeza se apoderaba de mí, mi vista se nubló ya que mis ojos estaban llenos de agua, los chicos corrían hacia las filas, se abrazaban, la señorita los llamaba y yo desde aquel rincón sin saber hacia dónde ir. Unos segundos después, se me acercó una mujer de aspecto amigable con una sonrisa y dulzura brillantes preguntándome a qué grado tenía que ir, así que fue quién me acompañó y presentó a aquellos quienes serían mis nuevos compañeros.

Me adapté muy bien al curso, hice algunas íntimas amigas, pero sinceramente no recuerdo alguna clase de esas maravillosas que algunos cuentan con paseos, excursiones o la señorita leyendo algún cuento fantástico, armando una huerta, nada de eso; sólo recuerdo el patio, las clases de educación física, ¡cómo me divertía jugando al quemado! , era el juego que más me gustaba. Pero recordando bien, recuerdo sólo una clase, la de la señorita Mirta Cantano, señorita que me mandaba a comprar todos los días un pebete para ella. Mirta y su “reinado de tablas”, juego que consistía en que cuando ella pasaba por las mesas, cada uno tenía que contestar adecuadamente la tabla que nos decía, el que perdía quedaba afuera hasta el último que sería el ganador.
Para mí era muy divertido, creo que para muchos era un juego divertido, yo siempre quedaba en la final pero nunca ganaba. Igualmente no me importaba ganar, lo que sí me importaba era, no quedar afuera pronto.
A Ella la recuerdo, no a muchas maestras recuerdo salvo por las fotos, pero debe ser que Mirta era tan especial que ha quedado registrada en mi mente, quizás por su forma de ser, ella nos trataba como si fuéramos sus hijos, ¡ella era así, tan especial!. Quizás no era excelente aplicando los contenidos, dándonos Ciencias, pero se ve que con su forma de ser, forma que admiraba, afirmaba cada día más mi identidad.
La escuela no siempre resultó tan grata, hubo momentos de tristeza, sin embargo era un lugar en el que me gustaba estar y a la vez necesario para compartir mi vida con otros, aprender de ellos y juntarnos cuando salíamos de ella.
¿Dónde si no era en la escuela conocería tantos amigos?

Será que mi paso por la escuela fue muy lindo y la relación que tuve con cada uno que la conformaba tan importante que hizo que hoy eligiera seguir estando dentro de ella.

Por Isabella, Pamela Soledad

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