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martes, 30 de noviembre de 2010

Biografía escolar, por Silvina Gomez

Empecé el Jardín de Infantes en marzo de 1973, en el Jardín nº 913 de Avellaneda, tenia 3 años recién cumplidos ya que mi cumpleaños es el 20 de febrero, fui a ese Jardín porque la directora era amiga de mi mamá, igual recuerdo no haber tenido muchos privilegios, ya que visitaba muy seguido la dirección por mi conducta.
En este jardín había dos salas, una integrada de 3 y 4 años y la salita de 5, que era la Sala Celeste, la otra no lo recuerdo muy bien pero creo que era sala amarilla.
Por mis condiciones hice 1 año en la sala integrada y dos en la de preescolar.
En mi paso por el Jardín recuerdo a la Señorita Mirta y a Susana, la directora, a esta última la veía más seguido inclusive en los cumpleaños familiares. Me acuerdo que cantaba la canción del “Oso Verde” que jamás me la olvidé, de hecho fue la canción que canté en el examen fonoaudiológico que tuve que dar en el primer año del profesorado, otra canción que me acuerdo es “El Gallo Pinto” y “El Brujito de Burubú”.
Me acuerdo que jugábamos con gomas de autos en los recreos y en música siempre me tocaba el toc toc, cosa que me enfurecía porque yo quería tocar el triángulo.
Otra cosa que me acuerdo que tenía una compañera que se llamaba Karina Vásquez, que me dijo que Papa Noel y los Reyes Magos no existían. Una vez nos encontramos cuando ya éramos grandes y nos acordábamos de lo que había hecho y nos reímos muchísimo. Al Jardín fui con mi amiga de toda la vida, Andrea, con ella hice el Jardín, la Primaria y la Secundaria, ahora hace 4 años que por circunstancias de la vida no nos hablamos.
Me acuerdo que hacíamos salidas, estas consistían en ir a la casa de algún compañero y tomar la merienda todos juntos, las mamás nos esperaban con muchas cosas ricas, era muy lindo, tomábamos la leche y nos volvíamos al jardín, obvio que las casas visitada eran las que estaban alrededor del jardín, también fuimos al Cuartel de Bomberos y al Correo, antes se podía salir con los chicos seguido ya que había más seguridad y las maestras salían tranquilas por el barrio ya que no pasaba nada.
Fue una hermosa etapa, si bien no tengo muchos recuerdos, los pocos que tengo son hermosos.
La primaria la hice en una escuela pública, fue la Escuela nº 2, Mariano Moreno, pero es conocida como “El Gauchito”, ya que tiene un gaucho muy grande y en relieve en la pared de la esquina de Rivadavia y Paraguay, en Valentín Alsina.
En primer grado tuve a la Señorita Nilda, mucho no me acuerdo de ella, pero me quedo la sensación de que era una maestra poco cariñosa, con ella también estuve en segundo y tercer grado.
De mis compañeros me acuerdo de casi la mayoría, estaban: Alejandra García, Fabricio Luperini, Miguel Ángel Gutiérrez(era el mas lindo del grado), Gabriel Lombardo, Gustavo Virgilio, Walter Bastos, Adrián Gómez, Olga Fernández, Patricia Aielo, Karina Pedre, Nancy Madera, Cecilia(el apellido no me acuerdo), Estela(el apellido era muy difícil y nunca lo aprendí), Gabriela Hernández, Fabiana Sardanelli, Analia Álvarez, Sandra Gentile, y como dije antes mi amiga Andrea, calculo que debería haber más pero estos compañeros son los que más recuerdo.
Yo iba al turno tarde, entonces el papá (le decíamos Pichi) de Andrea me pasaba a buscar por mi casa y nos llevaba al colegio, a la tarde nos iba a buscar mi papá, y después repartía a todos los chicos que traía, los dejaba cada cual en su casa, así fueron los 7 años de mi primaria, rara vez íbamos o veníamos caminado, seguramente cuando a Pichi o a mi papá se le rompían los autos. Después empezaron a venir con nosotros unos vecinos: Roberto y Marisa González.
En cuarto y quinto grado tuve a la Señorita Lucy, ella era muy grandota, alta y rellenita, siempre el mismo peinado, todo para atrás con un rodete, y el pelo bien negro, los labios pintados de rojo y siempre en pollera.
Creo que fue la maestra que despertó en mí esta vocación, era maravillosa, nos enseñaba muy bien, no tenía privilegio ningún compañero, con decir que Cecilia mi compañera, era su hija y nunca se notó, eso habla de una muy buena maestra.
Me acuerdo que todos los viernes nos tomaba una pruebita de cálculos mentales y 2 o 3 preguntas de algún tema que habíamos visto, creo que era una estrategia perfecta porque cuando enseñaba prestábamos atención y después lo repasábamos porque de la pruebita del viernes no nos salvaba nadie, creo que yo cuando tenga un grado a cargo lo voy a emplear.
Yo amaba a esta maestra, en unas vacaciones me fui a Catamarca con mi tía y decía que la veía caminado por el centro.
Mi papá era miembro de la cooperadora de la escuela, entonces los sábados iban todos los papás y arreglaban los pupitres, las ventanas, la calefacción y todo lo que pudiera estar roto, yo lo acompañaba y mientras el trabajaba yo jugaba a la maestra, me enloquecía y esperaba todos los sábados ansiosa para volver a la escuela, pero en esta ocasión, para jugar a lo que muchos años después iba a ser mi vocación.
En sexto y séptimo tuve 3 maestras, en Ciencias Naturales y Sociales tuve a la Señorita Adriana, el Lengua a la dulce y buena de la Srta. Bety y en Matemática a la temible Olga Tambusi, ¡Por Dios! le teníamos pánico, pero hoy puedo decir que era una excelente maestra, lo que aprendimos con ella era impresionante, tal es así que cuando fui al secundario y tuve que dar el examen de ingreso, me saqué 98 sobre 100 sin ayuda de una maestra particular solo con lo que la Sra. Olga nos había enseñado. Ahora escribiendo esto me doy cuenta que a todas les decíamos señorita y a ella señora, le teníamos mucho miedo y respeto. Al final aprendimos a quererla como era, hace muy poco me enteré que ya no estaba entre nosotros, cosa que me dio mucha tristeza, era una gran maestra y una gran mujer.
Cuando la profesora me pidió este trabajo pensé que me iba a costar un montón porque creí no tener muchos recueros, pero ahora no paran de aparecer un montón de momentos, situaciones, actos, peleas, y miles de cosas que me encanta recordar.
Mi paso por la escuela primaria fue uno de los momentos mas lindos de mi vida, mis padres siempre me acompañaron y estuvieron presentes en todo momento.
Una anécdota que no puedo dejar de contar es que cuando estaba en séptimo grado me agarré de los pelos con una compañera que se llama Karina Zarfino, el motivo fue Miguel Ángel, nos gustaba a las dos, ahora me acuerdo y me muero de la vergüenza, mis papás casi me matan llegué a mi casa con el ojo hinchado y morado, ahora tal vez es normal pero en la época que yo iba a la escuela era toda una tragedia familiar, “la nena” se había agarrado a las trompadas en la escuela.
Me acuerdo que tuvimos una hermosa fiesta de egresados, con una torta enorme que eran libros apilados, lo recuerdo como si fuera hoy, después bailamos y nos entregaron la medalla y el diploma.
El viaje de egresados fue un desastre, la persona encargada de juntar la plata (mamá de una compañera) nos estafó y se quedó con toda la plata, nosotros hacíamos rifas, vendíamos en los recreos ¡Tortas! y cosas que los papás nos daban, y para lo único que nos alcanzo fue para pasar un día en San Antonio de Areco en una estancia, una desilusión, pero igual éramos un grupo muy unido y de todas maneras nos divertimos mucho.
A fines del año pasado nos reencontramos, éramos pocos pero la pasamos genial, no paramos de acordarnos de las cosas que habíamos vivido, fue hermoso, creo que lo más lindo es que ninguno perdió la sencillez y humildad, a tal punto que la mayoría no dudó en contar algún problema o momento no feliz.
Lo último que voy a decir es que tuve una infancia feliz en una escuela del estado con compañeros que recuerdo con mucho amor y con maestras que realmente amaban su profesión.
La escuela secundaria la hice en el Instituto Inmaculada Concepción de Parque Patricios, una escuela religiosa no mixta, es decir, éramos todas mujeres, allí conocí otro tipo de gente, eran todas hijas de profesionales y vivían en Capital, nosotras con mi amiga Andrea y Analia éramos “las del sur”.
Tuve compañeras muy buenas y otras no tanto, recuerdo algunas profesoras muy buenas como la de Taquigrafía, materia que no existe más, lástima que no me acuerdo el nombre de la profe, si recuerdo a Viviana de Geografía, Mariel la Preceptora, era tan buena y canchera que la invitamos a venir a nuestro viaje a Bariloche, viaje inolvidable, hermosa experiencia, donde logramos afianzarnos como grupo. Y como todo secundario no podía faltar la profe “mala” de Matemática se llamaba Mirta Estevez, era bravísima, pero me acuerdo que siempre venía vestida al tono, la cartera, los zapatos y el cinturón del mismo color y los ojos pintados al tono, los labios siempre pintados de un rosa fuerte, el pelo rubio platinado corte “melenita” al hombro.Teníamos en Contabilidad a Pedro Carreño, en Religión a la hermana Elisa, era la rectora, muy severa y rígida. Si bien empecé el secundario en el año 1983, todavía quedaba ese ambiente enrarecido de la época del Proceso.
El uniforme era obligatorio, rezábamos media hora a la entrada y una vez por semana nos teníamos que confesar y asistir a misa en el instituto, además de tener que ir a misa todos los domingos, porque el lunes en esa media hora de rezo nos hacían preguntas sobre la misa del domingo.
Tuve muchas profesoras, pero recuerdo muy poco, recuerdo a la profesora de Lengua y Literatura, Maria de Carmen Inocente, que siempre tenía un perfume fuerte pero muy lindo, en Educación Física, la profe se llamaba Marcela, una divina.
La verdad es que esta etapa de mi vida no fue tan feliz, no por el colegio donde la verdad la pase muy bien y aparte encontré amigas maravillosas que hasta el día de hoy nos vemos, lo que opacó esta felicidad fue una terrible enfermedad que mi papá sufrió, y cuando en una casa no hay un clima de tranquilidad y felicidad se nota y se refleja en un chico.
Por eso creo que muchas cosas de esa etapa las borré.

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