BLOGGER TEMPLATES AND TWITTER BACKGROUNDS

martes, 30 de noviembre de 2010

Biografía escolar, Julieta Pistolesi

Biografía escolar

Fueron quince años en la misma Institución. Nuestra Señora del Carmen de Adrogué; es el colegio donde fui al Jardín, a Primaria y Secundaria; y al que algún día anhelo regresar.
Tengo los recuerdos más lindos y no tan lindos de mi infancia y mi adolescencia. Los recuerdos más lejanos, como cuando estaba en jardín; son de mi primera señorita, quien se llamaba Luz. Me acuerdo muy poco de ella y del primer año pero lo que sí recuerdo fue el primer día, en el cual estaban todos los padres y nos hizo cantar una canción; a la que, por supuesto, no recuerdo. Recuerdo también a un nene rubio, con muchos rulos que lloraba mucho; otros dos nenes rubios ya eran amigos del barrio y estaban juntos. Así fueron pasando los días, y se podía apreciar en la sala que quedaban menos padres y nos quedábamos mas tiempo divirtiéndonos. La primera se llamaba sala verde y la que le seguía, sala azul. No recuerdo a la seño y ningún momento de sala azul, no sé porqué se me borró de la mente. Lo único se supe con los años, es que la seño, llamada Marisa; se había casado con un hombre separado y como mi colegio era de monjas no lo permitieron y la echaron, recuerdo de esto, porque los padres fueron a protestar por la situación de la señorita y salí en la tele. Luego pase a salita roja, preescolar, con la señorita Marcela, a quien sigo viendo por el centro de Adrogue. Este año fue fabuloso para mi, me gustaba un chico llamado Eduardo, por el que, hasta a un oso que me regaló mi mamá le puse ese nombre. Me acuerdo que siempre iba peinada con dos colitas, una vez realizamos todos dibujitos de las familias y vinieron nuestros padres a verlos a la sala, jugábamos con bloques de madera, a la mamá en el rincón. Un día la seño nos puso en ronda, prendió un grabador y puso sonidos de animales, y los chicos tenían que adivinar el ruido que hacia cada animal; y yo me angustié mucho porque cuando me preguntó a mi le respondí cualquier cosa. OtraUna vez, cuando estábamos merendando, todas las nenas de la mesa habían ocupado las sillas, y quedaba una, otra nena, Belén y yo, corrimos a sentarnos en esa silla que había quedado y se sentó ella primero, y yo de la bronca le mordí el cachete. Sinceramente no recuerdo si la seño me retó, pero lo que me acuerdo es que pase mucha vergüenza cuando a la salida del jardín la seño llamo a mi mamá, a la mamá de esta nena, a la directora para contarles lo ocurrido.
Después de un tiempo, cuando empecé primer grado, me quería morir porque esta nena iba a ir al mismo grado que yo, entonces me escondía detrás de otras nenas para que no me viera. El primer día que ingresé al primario me lo acuerdo como si lo estuviera viviendo en este momento. Me llevó mi mamá hasta adentro, cuando llegamos al patio era enorme y encima habían tres primeros. Al principio, mi mamá me puso con la seño Elvira, la seño que tenia el grado de los conejitos, después de cinco minutos me puso en la fila de la señorita Norma, las mariposas, y por suerte al instante me cambió a la fila de la señorita Maria Elena, los osos. No sé si porque cada uno elegía donde ponerse o porque en realidad tenia que ir ahí, pero siempre agradecí haber ido a la sala de ositos. Con la señorita Maria Elena aprendimos muchas cosas, como por ejemplo un día que nos hizo ir al bebedero y nos hizo probar el agua, tocarla, sentir el olor; con lo que aprendimos que el agua no se puede agarrar, no tiene gusto y tampoco olor. Otra de las anécdotas de Primer grado es, cuando un nene le pidió ir al baño, ella estaba distraída y no le contestó, entonces el nene se hizo pis encima. Muchas cosas no me acuerdo ya que a la Señorita María Elena la tuvimos en segundo grado también, en realidad no me acuerdo de experiencias pero si de ella, ya que era muy atenta, excepto en el episodio anterior, era muy dulce, siempre estaba dispuesta a ayudarte y cuando enseñaba algo siempre lo repetía cinco veces, casi nunca gritaba y no levantaba la voz porque ninguno de los chicos le daba motivos, pero cuando se enojaba te miraba, abría sus ojos a dos centímetros de los tuyos y te hablaba, te preguntaba si lo que habías hecho te aprecia bien, te hacia sentir la peor nena del mundo, como si lo que hubieras hecho (que quizás fue hablar con un compañero) fuera una tragedia, lo sé porque una vez me pasó y no me olvidé en mi vida. Es obvio que después de eso, me porté “como una reina”. Bueno, después de dos años de transcurrir y aprender con ella, a esta altura todos ya sabíamos leer, escribir, hacer cuentas y una infinidad de cosas gracias a ella. Aparte fue muy difícil pasar a tercero porque nos tocó una señora mucho más grande, Mirta, con pelo muy canoso, anteojos grandes y gritona. Este año me marcó mucho, ya que ingresó una nueva compañera, ella era de Tucumán, yo no quería que este en nuestro curso, así que cuando entró lo primero que hice fue un comentario despectivo hacia ella. La señorita me escuchó, por ende, me retó y la sentó al lado mío. Fuimos amigas inseparables por muchos años. Esta chica, otra Belén en mi vida, era flaquita y yo en ese momento había aumentado el triple de mi peso, recuerdo en los recreos agarrarla por la cintura y hacerle calesita; le daba muchas vueltas, pero por supuesto ella no podía conmigo.
En cuarto grado, nos toco la señorita Marita. Era muy divertida pero nos adelantó lo que íbamos a vivir años después en la secundaria, ya que se manejaba con cuestionarios y después los tomaba en lección oral. Por mala suerte, una vez me llamó a mí, no había estudiado porque me olvidé, realmente me olvidé; me tomaba el sistema digestivo, me enteré en ese momento de qué se trataba la lección, me saque un cuatro, bastante por no haber estudiado nada, pero hoy en día sé que función cumple cada órgano gracias a esta experiencia. Algo lindo de cuarto grado es que al finalizar el año bailamos el charleston, recuerdo que mi mamá me hizo un vestido rojo con flecos negros.
En quinto, tuvimos la mala suerte de tener a la señorita Elvira, era una bruja vestida de maestra, no nos dejaba hacer nada, nos gritaba todo el tiempo. Recuerdo que un día llegó con un desodorante de ambiente en la mano, y uno de los chicos que era bastante extrovertido le preguntó para qué lo trajo, y ella sonriendo respondió que una de sus compañeras se casaba, y cuando se hace la despedida de soltero, se regala un desodorante de ambiente. Creo que fue la única vez que la vi sonreír. Este año llego Celeste, una chica con la cara muy grande, a la que le quedaba espacio entre los parpados y el ojo de tan grande que era su cara, parecía una caricatura; y a mitad de año llego Antonella, hoy, una de mis mejores amigas.
En sexto, fue todo diferente, cambiaron muchas cosas, empezando con mi cuerpo. Comenzamos a tener dos señoritas para diferentes materias. Una, Mónica, que era especial, muy buena con nosotros, siempre nos comprendía, nos escuchaba. En cambio la otra, Andrea, era más amarga, no tenia trato directamente con nosotros. De este año, me acuerdo que todos nos habíamos peleado con la profesora de plástica, Mónica, que muy mala, no la soportábamos, era muy cruel. A fin de este año, cantamos una canción de León Gieco.
En los próximos tres años, cambió todo. Teníamos profesoras para todas las materias. Algunas eran buenas y otras no tanto. En séptimo tuvimos a un profesor de catequesis que pretendía que todos seamos curas y monjas y quería que sepamos toda la teoría acerca de Dios, venia de un viaje de Polonia. Lo odiaba, me hizo llevar la materia a Diciembre, por primera vez me había llevado una materia y era catequesis, me frustró. En los tres años tuve una profesora de Sociales que tomaba lección todos los días que venía, parecía que no tenia contenidos que dar, agarraba el libro y la lista, y arrancaba nuestra odisea.
En el último año, afiancé mis relaciones con Antonella, salíamos a bailar juntas, nos juntábamos por las tardes y además ella era muy buena alumna, entonces me ayudaba mucho en la escuela, era la excusa perfecta para quedarme a dormir todos los días en su casa. Cuando estábamos en séptimo íbamos a realizar un viaje y se suspendió, ya que el colegio se prendió fuego, a partir de ahí fue una revolución. Teníamos clases en un patio cubierto cinco grados juntos. Pero por suerte al año siguiente pudimos realizar nuestro viaje, fuimos a Canning, a un country muy grande que solo tenia un quincho y muchas canchas. Por las noches dormíamos en carpas, por suerte fueron dos noches, ya que la primera no pudimos dormir porque Antonella roncaba, y además era sonámbula. Éramos siete en una carpa, estábamos hablando cosas de chicas, Anto se había quedado dormida y de repente, levanta la cabeza y miraba para todos lados, le hablábamos y no contestaba, nos pegamos el susto de nuestras vidas.
En noveno, fuimos a Cataratas y fue en este momento donde nos unimos más al otro curso, el de la mañana. Fue un viaje precioso, y para no olvidarlo nunca me traje las servilletas de todos los lugares a donde íbamos a comer.
Polimodal, asustaba ese nombre, pero fue el tiempo en que realmente aprendí muchas cosas, ya sea de Matemática, de Política, Sociología, participaba mucho en las clases y siempre armaba debate. Recuerdo tener una profesora a la que llamábamos “la momo”, era una momia que venia en representación de una mujer antigua, alta, mala, siempre con su librito en la mano y su maletín, se sentaba, ni saludaba y empezaba a leer historias del Quijote, La Odisea, y cosas mas aburridas. Después tuve un profesor que era divino, Casetari.
Recuerdo una vez, que mi novio estaba en tercero y se iba a Bariloche, yo miraba desde la ventana, cuando terminó su clase se retiró, en la siguiente hora venía “la momo”, entonces volvió, me vino a buscar y le dijo a la profesora que me retiraba por unos minutos, cuando bajábamos las escaleras le pidió al rector que me deje salir para ir a despedirlo. Nunca voy a olvidar el gesto que tuvo conmigo, por suerte lo tuve hasta tercer año, y fue mi compinche siempre. Otra profesora, Paladino, nos marcó mucho a todos, porque con ella aprendimos a ser críticos, y mirar a nuestra historia desde otro punto de vista. Obviamente en tercero realizamos el viaje de egresados, tuvimos la entrega de medallas y la fiesta de egresados, a la que obviamente concurrió mi profesor favorito, Casetari y el preceptor Huguito que fue lo mejor de polimodal.
Por supuesto que hay cosas que olvidé, o quizás que no me quiero acordar o no quiera contar pero estos son los momentos más importantes o que más me marcaron en cada año escolar

No hay comentarios:

Publicar un comentario